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Durante estos días he buscado la manera de aportar algo a los merecidos fastos con los que se ha despedido a Miguel Delibes. Lo primero es que todos los que le hemos leído volvamos a repasar algunas de sus obras (o acercarnos a una nueva) y animemos a que nuestros amigos y familiares hagan lo mismo.
Tras leer un buen número de artículos de periodistas, escritores, amigos y admiradores, humildemente considero que no aportaría nada que no se haya dicho ya. Así que creo que lo mejor que puedo hacer es compartir con vosotros dos reportajes que no tienen pérdida. El primero es el vídeo que encabeza el post: una de las últimas entrevistas en profundidad de Delibes, concedida a su biógrafo y amigo Ramón García Domínguez; fue hace 4 años, en 2006, después de que el literato fuera galardonado con el Premio a los Valores Humanos del Grupo Vocento.
En él podréis disfrutar de un Delibes amable y elocuente, tratando temas tan dispares como el cambio climático, la Castilla de ayer y de hoy o la evolución del lenguaje. Nos cuenta cómo “la televisión ha sustituido a los abuelos”, habla de la muerte como “una compañera inevitable del hombre desde que nace hasta que muere” y afirma que, entre las cosas que ha perdido con la edad y la salud, más que la pluma, lamenta “no poder utilizar la escopeta contra las perdices rojas”.
El segundo (del que os dejo abajo el enlace) se trata de la reposición del programa que dedicó el espacio Documentos RNE en 2001 a la obra y figura de Delibes. Elaborado por Elvira Marteles, ‘Miguel Delibes: un hombre, un paisaje, una pasión’ incluye una entrevista con el escritor en la que habla de su última novela, El Hereje. En el programa, su trayectoria narrativa es analizada por los también escritores César Alonso de los Ríos y Ramón García Domínguez, biógrafo del autor vallisoletano.
La parte humana la aportan dos de los hijos de Delibes, Germán y Elisa, y puede escucharse también a la actriz Lola Herrera, protagonista en los escenarios de Cinco horas con Mario. El programa incluye además fragmentos de novelas del autor vallisoletano, algunos leídos por él mismo, y de la adaptación cinematográfica que hizo Mario Camus sobre Los santos inocentes.
Hay dos clases de personas en el mundillo del arte. Las que piensan, de forma optimista, que el arte es infinito, inabarcable, y que jamás nos lo podremos acabar (salvo en experimentos mentales como la biblioteca de todos los libros que pueden existir de Borges).
O las que piensan, de forma pesimista, que el arte, más concretamente la literatura, ha muerto, que todo es una copia de una copia y que ya no hay nada nuevo bajo el sol.
Ambas clases de personas están equivocadas. Al menos un poco.
El universo es finito. Se estima que el total de todas las partículas del universo es de un 1 seguido de 80 ceros. Así pues, todo lo que en él suceda también es finito. Aunque la misión del arte no es buscar nuevas ideas sino expresar las mismas de maneras diferentes. En ese sentido, el arte es una copia de una copia. Y las copias posibles, aunque finitas, son tan elevadas que no hay tiempo suficiente en el universo para confeccionarlas. O mejor: para disfrutarlas.
Vayamos a los números con un ejemplo sencillo. Los sonetos.
Un soneto es una composición poética que consta de catorce versos endecasílabos, distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. Para construirlo poseemos, digamos, de 85.000 palabras en castellano. Así pues, el número de sonetos libres que se pueden llegar a componer es de un 1 seguido de 415 ceros (más que partículas en el universo).
Evidentemente, la mayoría de estos sonetos no tendrán sentido. Otra gran parte serán malos sonetos. Pero, aún así, ni todos los seres humanos que quedan por nacer, obsesionados todos por los sonetos, escribiendo todo el día y toda la noche sin descanso, podrían concebir jamás todos los sonetos medianamente pasables que quedan por escribir antes de que todas las estrellas del universo se apaguen.
Imaginad que el número de novelas posibles es mucho mayor. Un 1 seguido de 10.354.918 ceros es el número de novelas posibles de 200 páginas a 360 palabras por página. El filósofo Daniel Dennett ahondaba todavía más en esta especulación basándose en las ideas de Jorge Luis Borges para su Biblioteca de Babel, la biblioteca de todos los libros posibles:
Supongamos que cada libro tiene 500 páginas y cada página tiene 40 líneas de 50 espacios, de modo que hay dos mil caracteres por página. Cada espacio o está vacío o tiene un carácter impreso en él, escogido entre un conjunto de 100 (las letras mayúsculas y las letras minúsculas del inglés y de otras lenguas europeas, más los espacios vacíos y las marcas de las puntuaciones). (Borges escogió cifras ligeramente diferentes: libros de 410 páginas con 40 líneas de 80 caracteres cada una. El número total de caracteres por libro es bastante cercano al mío: 1.312.000 frente a 1.000.000, lo cual no representa mucha diferencia. Yo escogí números redondos para un más fácil manejo). En algún lugar de la Biblioteca de Babel hay un volumen constituido en su totalidad por páginas en blanco y otro volumen lleno de signos de interrogación, pero la inmensa mayoría consiste en un galimatías tipográfico: ninguna regla ortográfica ni gramatical, y, por descontado, ninguna regla de sentido, prohíbe la inclusión de un volumen. Dos mil caracteres por página, a 500 páginas por libro, suman 1.000.000 de caracteres por libro, así que para 100 libros la cifra de caracteres es 1001.000.000. Dado que se estima que en la región del universo hay solamente 10040 (más o menos) partículas (protones, neutrones y electrones) que podemos observar, la biblioteca de Babel no es ni de lejos un objeto físicamente posible.
Así es el arte. Sideral. Finito pero infinito. Copia de una copia de una copia hasta un número tan alto que nunca habrán suficientes artistas para reproducirlas todas. Lo cual es una suerte: al menos nadie podrá registrar todas las obras posibles bajo un copyright tan restrictivo como el de Disney, y siempre nos quedará un resquicio por el que colarnos y crear algo que no pertenezca intelectual o mercantilmente a nadie.
Como estaréis intuyendo, estas operaciones matemáticas también pueden extrapolarse a la existencia de seres humanos. Un ser humano no deja de ser un libro. Concretamente, un libro escrito por un texto genético de cuatro letras (A,C,G,T) de una longitud determinada. Su ADN. Su libro de instrucciones que indica qué aspecto tendrá, que disposiciones mentales desarrollará, etc.
Así pues, el número de combinaciones de esos textos es limitado. El número de seres humanos/libro es finito (es improbable, pero un día podría nacer un clon perfecto a ti en cualquier lugar del mundo o de la historia). Concretamente, en base a su ADN, el número de seres humanos posible es de un 1 seguido de mil millones de ceros. La mayoría de ellos serían mutantes inviables, pero una parte serán viables. Y una pequeña parte, todavía gigantesca, serán escritores con talento.
Vía | Ideas para la imaginación impura de Jorge Wagensberg / La peligrosa idea de Darwin de Daniel C. Dennett
Edición (del latín editio) es un término utilizado en una doble acepción en el mundo literario: como actividad de reproducción de una obra, a través del manuscrito o de la imprenta, para su difusión, o bien como un conjunto de ejemplares que integran una misma impresión tipográfica.
Antes de la invención de la imprenta, la reproducción de textos se realizaba a través de un trabajo organizado de copistas; en la Edad Media había centros especializados en los monasterios y, a partir del siglo XIII, en la Universidades. A este tipo artesanal de edición manuscrita sucede, con la invención de la imprenta, un medio de reproducción, no sólo de mucha mayor capacidad difusora, sino también de mayores garantías de transmisión fiel del texto original, al poder controlar errores de transcripción, omisiones, posibles interpolaciones, etc.
En los estudios de bibliografía y crítica textual se enumeran los siguientes tipos de edición:
princeps: la primera edición de una obra de cierta antigüedad inmediatamente posterior a los manuscritos del autor y a la copia para los impresores.
original: en la crítica textual francesa se considera, como tal, la primera edición en volumen hecha con el permiso o la aprobación del autor, para distinguirla de la edición furtiva o clandestina.
definitiva: la que presenta el texto revisado por última vez por su autor.
de variantes: la que incluye la totalidad, o la parte más significativa de variantes que presenta un texto en sus diversos manuscritos o ediciones.
anotada: la que ofrece una serie de notas referentes al léxico, giros, datos históricos, instituciones, rasgos estilísticos, etc., que ayudan a la correcta comprensión del texto.
crítica: en la que, a las notas de la anterior, precede una revisión cuidada del texto, e incluye posibles variantes.
facsímil: reproducción íntegra y exacta de una edición anterior, a ser posible con sus características tipográficas.
paleográfica: reproducción de un manuscrito, generalmente, con las características gráficas del texto originario.
diplomática: reproducción de un manuscrito, respetando no sólo las grafías, sino también la disposición espacial del texto, los signos diacríticos…
fonética: edición modernizada de un texto antiguo en la que no obstante se conservan los rasgos lingüísticos del texto original que en la época de su redacción tenían valor fonético.
modernizada: edición de un texto antiguo, medieval sobre todo, en la que se actualizan aspectos lingüísticos del texto original, incluso prescindiendo de los valores fonéticos arcaicos, aunque respetando el léxico y la estructura sintáctica del texto primitivo.
moderna: la que se prepara pensando en un público no profesional; en este sentido, para hacer accesible la lectura de un texto antiguo, se trata de reconstruir el texto original con un lenguaje moderno en todos los aspectos: gramático, fonético, morfosintáctico, semántico, tipográfico, etc.
La lengua está viva, es multiforme y multicapa. A pesar de que algunos pretendan encorsetarla, la lengua evoluciona y se adapta a la realidad; incluso condicionando la propia realidad.
Lo mismo sucede, por tanto, con la literartura. No hay diques para ella. Caudalosa y ingobernable, como debe ser, es capaz de adoptar la forma que más nos apetezca.
Hay autores que no solo han jugado con las palabras sino también con las letras, sobre todo en poseía. Como aquel extraño poema en latín del alemán Christianus Pierus titulado Christus crucifixus, cuyos mil versos estaban compuestos por palabras que empiezan por C (Currite, castalides. Christo comitante camanae...)
Abracadabra es una palabra hebrea que incluye tres palabras: padre, hijo y espíritu santo.
Escribir del prisionero consiste en escribir utilizando palabras sin letras con salientes superiores o inferiores (evitando letras tales como q, t o f) para utilizar el mínimo papel posible. También hay quien escribe utilizando sólo una vocal, o con palabras que empiezan siempre por la misma consonante (“Sábado. Siniestros sonidos surcaban sombríamente Salamanca. Sintiéndose solitario, Sergio, sentado sobre su suntuoso sofá, suspiró, sopló, salpicó saliva….”), o suprimiendo una letra determinada, o alternando rigurosamente vocales y consonantes, o haciendo que una determinada letra esté en todas las palabras del texto.
Está la escritura pivote, dónde cada palabra empieza con la última letra de la anterior (“El león no obedece. Es sutil, lánguido, obsesivo…”). Está la escritura creciente, dónde cada palabra tiene una letra más que la anterior (“Y si tío fuma nunca tendrá dolores, espasmos terribles…”)
¿Conocéis idiomas como el Kaluli o el Kobon? Estos lenguajes son muy raros, están en peligro de extinción, y tienen la particularidad de que son capaces de transmitir paquetes de información. Uno de estos paquetes es el de contar, numerar con el cuerpo.
En Papúa Nueva Guinea, que es donde los lingüistas han hecho el agosto con estos lenguajes, las palabras que denominan los números son los nombres de las partes del cuerpo. Este rollo macabeo podría ir soltándolo un hombre mientras acaricia la piel desnuda de una mujer que se halla tendida en una cama King Size con dosel. Iría palpando levemente, etéreamente, con una pluma de avestruz o de ángel, ya puestos, su meñique, que es la parte del cuerpo que es Kobon designa el número uno.
“Y ahora voy a contarte toda entera, amor”, le susurraría el amante al oído de la amada. Qué bonito. Le rozaría el anular, el dos; luego el corazón, el tres; el índice, el cuatro; el pulgar, el cinco; la muñeca, el seis; el antebrazo, el siete; el interior del codo, el ocho; el bíceps, el nueve; el hombro, el diez. Y, para contar más, se debe emplear la clavícula y el hueco que hay sobre el manubrio del esternón, la incisura yugular.
El campo de las paradojas semánticas lógicas también es amplísimo. Dicen en el libro Platón y un ornitorrinco entran en un bar que existen dos tipos de palabras: las que se refieren a sí mismas o autólogas, y las que no o heterólogas.
Algunos ejemplos de autólogas son “Corto” que es corta en sí misma, “Polisílabo” que también lo es en sí misma, etc. “Monosilábico” es una palabra que tiene mucho más que una sola silaba, así que es heteróloga. La pregunta que plantean es: ¿la palabra “Heterólogo” es autóloga o heteróloga? Si fuera autóloga, entonces es heteróloga…y si fuera heteróloga, es autóloga.
Los errores en la literatura, en la lengua, en la traducción también son necesarios. Cambian y enriquecen la imaginación. Provocan realidades espontáneas que difícilmente se habrían materializado siguiendo a rajatabla normas y valores. En el cuento de La Cenicienta de Perrault, el famoso zapato hubiera tenido que ser de “vaire” (un tipo de piel) y no de “verre” (cristal). Pero ¿a que queda mejor siendo de cristal?
Asi es la lengua y la literatura. Tiene mil formas. Tiene mil aplicaciones. Y así deberá ser siempre, por mucho que los dictadores de la lengua y la estética se empeñen en cortarnos las alas.
Tras unos días en los que su estado de salud se había agravado sustancialmente, la familia de Miguel Delibes ha anunciado su muerte a los 89 años de edad. Con él se nos va la última de las grandes figuras del siglo XX, un autor que, mientras esquivaba la censura, enriqueció la lengua castellana combinando como nadie el español estándar y el castellano de provincias.
Miguel Delibes (que vio la luz en Valladolid, en 1920) es, no cabe duda, uno de los grandes novelistas de nuestra historia. Con tan sólo 27 años recibió el Premio Nadal, por La sombra del ciprés es alargada (1947), su primera novela. Tres años después escribió la obra que todo adolescente está obligado a leer (y todo adulto a releer): la maravillosa y sin par El Camino (1950). En el 55 se hace merecedor del Premio Nacional de Narrativa, por Diario de un cazador, galardón que volvió a recibir en 1999 por El Hereje.
En 1982 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y en 1984 el Premio de las Letras de Castilla y León; es Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa (1985). En 1991 fue laureado con el Premio Nacional de las Letras Españolas y dos años después recibió por fin el Premio Cervantes. Sólo le faltó el Nobel, premio que sin duda merecía pero que le fue esquivo.
La aportación de Miguel Delibes va más allá de la literaria. Fue el impulsor del renacimiento literario español después de una época bastante gris tras la Guerra Civil; su obra ha perfeccionado y dignificado la lengua castellana, respetando tanto el habla urbana como la rural, dejando que sus personajes hablaran como lo harían si existieran de verdad, no como un sujeto de ficción.
Amado por tantos, respetado por todos. Poco puedo decir de Don Miguel sin caer en topicazos que no se merece. Así que os doy paso a vosotros, lectores, para que completéis esta despedida. Yo voy a desempolvar mi edición de ‘El Camino’ y me pondré a leer la historia del Mochuelo; no se me ocurre mejor homenaje.
A fin de subir otro pequeño peldaño de la difusión cultural sin barreras, Goggle y el gobierno de Italia firmaron ayer un acuerdo, el primero del mundo de este tipo, para digitalizar hasta 1.000.000 de libros de las bibliotecas nacionales de Roma y Florencia.
Un peldaño más para materializar la biblioteca universal borgeana.
Entre los autores digitalizados (y que no reclamarán derechos de autor, a menos que se organice alguna sesión de espiritismo) encontramos a Petrarca, Dante o Leopardi. Además, el catálogo cuenta con una amplia variedad de textos científicos y políticos.
Los 100 millones de euros que cuesta el proyecto los abonará Google Books, para posteriormente dar acceso gratuito a las obras (¿quién dijo que para ganar dinero con contenidos hay que vender los contenidos o racanear derechos de autor hasta 70 años después de la muerte?).
El presidente de la división de ventas y desarrollo de negocio global de Google, Nikesh Arora, sostiene que el proyecto ayudará “a la conservación de una parte relevante de la herencia cultural mundial.”
Todavía es demasiado utópico imaginar una operación parecida a ésta con obras contemporáneas (o al menos no tan antiguas, todavía bajo las siete llaves del copyright). Tal vez no lo sea tanto.
Sólo es necesario un cambio de paradigma mental (algo lento y laborioso antes, pero bastante más veloz en un mundo interconectado). Un cambio que asuma que los modelos de negocio no son para siempre. Que la cultura no puede compararse al pan o a cualquier otro producto mercable porque la tecnología ha permitido copiar la cultura con un coste próximo a 0 (la cultura, entonces, sería comparable al oxígeno, y nadie en su sano juicio quiere hacer negocio con la venta y distribución de oxígeno).
En definitiva, que ya no es válida la idea de comerciar con el uso de la cultura, ni tampoco con su distribución o impresión. La industria tendrá que buscar nuevos modelos de negocio. Los autores deberán cobrar de otra forma por su trabajo (quizá por obra, como el periodista cobra por artículo, sin más; quizá de una de las múltiples formas que se atisban en el horizonte).
Y el cambio de paradigma mental deberá llegar pronto, por mucha rabia y pereza que dé, por mucho que nuestra mente no esté preparada para ello. Porque los cambios que se avecinan son imparables.
Supongo que está de más decirlo, pero no me sé resistir: aconsejo encarecidamente la lectura del post anterior para contemplarlo como un todo junto a esta nueva entrega. Como ya anuncié en el artículo precedente, éste lo dedicaré al análisis interno de la canción, o poema, como se quiera. Al final del texto vuelvo a transcribir los versos para facilitaros la consulta. Comienzo pues:
En la primera parte de la canción, el poeta se presenta como un hijo del Mar, donde nació, pasó su infancia y adolescencia, donde se formó como hombre y se convirtió en portador de la esencia del Mediterráneo. Un mar, como vemos seguidamente, que funciona como elemento unificador de los pueblos a los que baña, de las diferentes culturas que han florecido a su alrededor.
Aquí nos encontramos con un verso especialmente bueno: de Algeciras a Estambul. Este octosílabo nos proyecta una imagen: ‘de Algeciras a Estambul’ = ‘de una punta a otra del Mediterráneo’. Bien, pues si nos fijamos en su acentuación, la sinalefa inicial le roba protagonismo al acento natural (que recaería en ‘ci’), por lo que en realidad es cantado así: ‘de Algeciras a Estambul‘, es decir, los acentos fuertes recaen en las primera y última sílabas; dicha acentuación refuerza la imagen, la forma ahonda en el contenido: de una punta del verso a la otra, de una punta del Mediterráneo a la otra.
Este bloque se cierra con un pareado que nos habla del alma del Mare Nostrum, el mar que más imperios ha visto crecer y desmoronarse, el mar que fue una herramienta de comercio (no sólo de bienes materiales) y también un campo de batalla. Después llegamos al primer grupo de tercetillos, que acompañan el cambio musical; el primero de ellos es, sencillamente, una genialidad:
A tus atardeceres rojos
se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino.
En mi humilde opinión, tres de los mejores versos que se han escrito nunca en lengua castellana, un símil cuya belleza es totalmente insuperable, un verdadero prodigio que me pone los vellos de punta cada vez que lo oigo. Es tan potente la figura que el poeta se ve obligado a no retocar el primer verso, endecasílabo, para que mida igual que los demás, sino que lo arregla comenzándolo con rapidez y prácticamente en anacrusa musical, por lo que podríamos decir que más que un verso de nueve sílabas es un 1+8.
A continuación, el siguiente tercetillo, el poeta deja de hablarnos del mar y se describe a sí mismo: cantor, embustero, con alma de marinero: un hijo del Mediterráneo. Y acaba esta primera parte con una pregunta al aire muy significativa, con la que declara que no podría ser de otra manera, no podría ser otra cosa que un mediterráneo.
En el siguiente bloque el poeta cambia de nuevo su voz, deja de dirigirse al Mediterráneo y nos habla directamente a nosotros. Nos pide que, cuando muera, lo enterremos cerca del Mar. Para ello utiliza una figura mitológica, la ‘parca’. En la mitología romana, las parcae eran las personificaciones del fatum o destino, al que estaban sujetos hasta los mismísimos dioses. La Nona (Cloto en la mitología griega) hilaba el hilo de la vida, la Décima (Láquesis) lo medía y la Morta (Átropos) lo cortaba, eligiendo el momento y la manera de morir de cada uno. A esta última recurre Serrat para hablar de su muerte.
Toda la segunda parte de la canción gira alrededor de la muerte del poeta y sus ulteriores deseos. Se personifica en una barca de la que el propio mar se encargará de romper sus velas (‘dejad que el temporal / desguace sus alas blancas’). De este modo, su muerte no será su final, sino un vehículo para volver a su origen, el Mar, con el que quiere fundirse. Y es que no sólo quiere ser enterrado en un lugar alto para tener buenas vistas, sino que pretende formar parte del ciclo de la vida convirtiéndose en alimento de los pinos y la genista.
En conclusión y volviendo a lo que reza en el título de esta serie, el poeta le canta una oda a su mar. El Mediterráneo es su musa, su amada y su amante; la materia prima de su ser, un símbolo de la infancia perdida y el camposanto donde quiere descansar eternamente. ‘Mediterráneo’ es una canción popular, sin duda alguna, pero no por ello deja de ser un poema bellísimo, con una estructura interna muy trabajada, una unión que engrandece a Joan Manuel Serrat hasta hacerse merecedor del título de Poeta del Pueblo.
Quizá porque mi niñez (-)
sigue jugando en tu playa, (a)
y escondido tras las cañas (a)
duerme mi primer amor, (b)
llevo tu luz y tu olor (b)
por donde quiera que vaya, (a)
y amontonado en tu arena (c)
guardo amor, juegos y penas. (c)
Yo, (-)
que en la piel tengo el sabor (-)
amargo del llanto eterno, (d),
que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul, (e)
para que pintes de azul (e)
sus largas noches de invierno. (d)
A fuerza de desventuras, (f)
tu alma es profunda y oscura. (f)
A tus atardeceres rojos (g)
se acostumbraron mis ojos (g)
como el recodo al camino. (h)
Soy cantor, soy embustero, (i)
me gusta el juego y el vino, (h)
tengo alma de marinero. (i)
¿Qué le voy a hacer, si yo (-)
nací en el Mediterráneo? (-)
Y te acercas y te vas (-)
después de besar mi aldea. (j)
Jugando con la marea (j)
te vas, pensando en volver. (k)
Eres como una mujer (k)
perfumadita de brea, (j)
que se añora y que se quiere, (l)
que se conoce y se teme. (l)
Ay… (-)
Si un día para mi mal (m)
viene a buscarme la parca, (n)
empujad al mar mi barca (n)
con un levante otoñal (m)
y dejad que el temporal (m)
desguace sus alas blancas. (n)
Y a mí enterradme sin duelo (ñ)
entre la playa y el cielo… (ñ)
En la ladera de un monte (o)
más alto que el horizonte, (o)
quiero tener buena vista. (p)
Mi cuerpo será camino, (q)
le daré verde a los pinos (q)
y amarillo a la genista… (p)
Cerca del mar, porque yo (-)
nací en el Mediterráneo… (-)
La última obra del tándem cada vez más simbiótico Jordi Costa (juntaletras) y Darío Adanti (juntarayas), Mis problemas con Amenábar, viene a confirmar tres cosas:
La primera, que la voz de Costa es una de las más alambicadas, abracadabrantes y entreveradas de cultura pop del panorama español (con permiso de Kiko Amat, Rubén Lardín, Nando Salvá, Carlos Marañón y otros).
La segunda, que Costa y Adanti practican un ejercicio de libertad políticamente incorrecta (o sea, de la necesaria) del tipo “¿que nos jugamos el puesto y hasta la salud con las caricaturas de Mahona? ¡Pues trae el papel y el plumier!”
La tercera, que, por mucha rabia que dé, el ejercicio de la crítica, siempre que esté bien fundamentado, puede arremeter contra cualquier cosa, incluyendo al niño de papá del cine español Alejandro Amenábar. O dicho de otro modo: no hay (ni debe haber) vacas sagradas. Ni cánones intocables. Ni belleza objetiva e indiscutible más allá de la fundamentada neurobiológicamente.
Y la cuarta, en plan bonus track, es que un cómic puede perfectamente confirmar estas tres ideas con un dibujo esquemático a lo South Park, aunque ello le produzca espumarajos a fulanos como Vicente Molina Foix. Y soltar perlas del tipo:
Un puto thriller de mierda que envasaba al vacío la sensibilidad mameluco de las juventudes del PP.
Refiriéndose a la película Abre los ojos (la cual, no obstante, he de confesar que me gusta). Sin duda Costa y Adanti han conseguido plasmar el contrapunto destroyer a la crítica cinematográfica blandiblú. Y que sigan por mucho tiempo.
Una de las cosas que más caracteriza a la ciudad de Buenos Aires es la presencia de los bares y cafés y ellos, al igual que ocurre en la gran mayoría de las metrópolis modernas, han jugado un papel importante en el desarrollo de la intelectualidad local. Igualmente, son espacios permanentemente poblados de gente que se toma una pausa en el transitar para refrescarse o que queda en encontrarse con amigos y amigas para la tertulia nocturna.
Justamente por la efervescencia que alli se vive, no debería sorprendernos que sea éste el espacio elegido por el Gobierno de la ciudad para llevar adelante una creativa campaña para la promoción de la lectura y que han llamado Leo en los bares.
Lo interesante de esta propuesta, sin embargo, no es solamente el lugar en el cual están teniendo lugar sino también el escritor protagonista de esta primera avanzada: Jorge Luis Borges. Raro no, dirán algunos, al fin y al cabo el escritor nacido en 1899 es el ícono literario por excelencia de la lieratura argentina. Lo que ocurre es que donde aparece la mención al autor de Ficciones e Historia Universal de la infamia, entre otros, aparece la Fundación que lleva su nombre y la figura de su viuda, Maria Kodama, personaje polémico para muchos representantes de la intelectualidad y la cultura bonaerense. Es justamente gracias a esta fundación y al permiso que han brindado, que se han podido editar los libros seleccionados para la promoción.
Los títulos publicados por editorial Planeta y que los visitantes podán disfrutar durante su estadía en los bares son los siguientes: ‘Atlas’, ‘Borges de Buenos Aires’, ‘Crónicas de Bustos Domecq’, ‘El Aleph’, ‘El Compadrito’, ‘El libro de arena’, ‘El Libro de los seres imaginarios’, ‘Fervor de Buenos Aires’, ‘Literaturas germánicas medievales’, ‘Los mejores cuentos policiales’, ‘Luna de enfrente’, ‘Obras Completas I, II, III y IV,’ ‘Prólogos’, ‘Seis problemas para Don Isidro Parodi’, ‘Textos recobrados (1919-1929)’ y ‘Textos Recobrados II (1931-1955)’.
Los locales seleccionados para formar parte de este circuito lector son los más emblemáticos y tradicionales de la ciudad, así que los visitantes podrán hacer un doble recorrido: por los bares y por los libros. Si no alcanzan a terminar uno en uno de los bares podrá continuar su lectura en el siguiente. Chistes aparte (aunque puede que a varios les ocurra eso), los bares seleccionados para esta campaña son los siguientes:
TORTONI, Av. De Mayo 825, 4342-4328EL GATONEGRO, Av. Corrientes 1669, 4371-6942EL PROGRESO, Av. Montes de Oca 1700, 4301-0671MARAZUL, Tucumán 1700, 4374-0307CONFITERIASAINTMORITZ, Esmeralda 894, 4311-7311MARGOT, Boedo 857, 4957-000136 BILLARES, Av. De Mayo 1048, 4381-5696BARHOTELCASTELAR, Av. de Mayo, 1152, 4383-5001/9BARoBAR, Tres Sargentos 415, 4311-6856LA GIRALDA, Av. Corrientes 1453, 4371-3846LOSLAURELES, Av. Iriarte 2290, 4303-3393LA POESÍA Chile 502, 4300-7340IBERIA Av. de Mayo 1196, 4381 6300EL FEDERAL, Carlos Calvo 395 / 99, 4300 4313EL QUERANDI, Perú 302, 4345-1770
Es gracias a iniciativas como ésta, unida a otras ya mencionadas en Papel en Blanco, que Buenos Aires ha sido elegida como Capital del Libro para el año 2011.
Joan Manuel Serrat escribe canciones que son poemas acompañados de música. Mayoritariamente crea sus composiciones atendiendo a unas normas en relación a la rima, la métrica y la prosodia, algo cada día menos habitual en el mundo de la música. Podría decirse que le queda pequeña la etiqueta de cantautor; sería más acertado pensar en él, con un velo contemporáneo, como rapsoda.
Mediterráneo está compuesto por 12 estrofas de tres sílabas que podríamos llamar, siendo un poco elásticos, tercetillos, y 6 pareados, repitiendo cuatro veces la estructura 3-3-2. La versificación es isosilábica con la excepción del imparisílabo ‘A tus atardeceres rojos’, que tiene una sílaba más que el resto, octosílabos todos ellos. Para que resulte más sencillo entender mi análisis he redistribuido los versos de modo diferente (podéis ver el original en el primer post):
Quizá porque mi niñez (-)
sigue jugando en tu playa, (a)
y escondido tras las cañas (a)
duerme mi primer amor, (b)
llevo tu luz y tu olor (b)
por donde quiera que vaya, (a)
y amontonado en tu arena (c)
guardo amor, juegos y penas. (c)
Yo, (-)
que en la piel tengo el sabor (-)
amargo del llanto eterno, (d),
que han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul, (e)
para que pintes de azul (e)
sus largas noches de invierno. (d)
A fuerza de desventuras, (f)
tu alma es profunda y oscura. (f)
A tus atardeceres rojos (g)
se acostumbraron mis ojos (g)
como el recodo al camino. (h)
Soy cantor, soy embustero, (i)
me gusta el juego y el vino, (h)
tengo alma de marinero. (i)
¿Qué le voy a hacer, si yo (-)
nací en el Mediterráneo? (-)
Y te acercas y te vas (-)
después de besar mi aldea. (j)
Jugando con la marea (j)
te vas, pensando en volver. (k)
Eres como una mujer (k)
perfumadita de brea, (j)
que se añora y que se quiere, (l)
que se conoce y se teme. (l)
Ay… (-)
Si un día para mi mal (m)
viene a buscarme la parca, (n)
empujad al mar mi barca (n)
con un levante otoñal (m)
y dejad que el temporal (m)
desguace sus alas blancas. (n)
Y a mí enterradme sin duelo (ñ)
entre la playa y el cielo… (ñ)
En la ladera de un monte (o)
más alto que el horizonte, (o)
quiero tener buena vista. (p)
Mi cuerpo será camino, (q)
le daré verde a los pinos (q)
y amarillo a la genista… (p)
Cerca del mar, porque yo (-)
nací en el Mediterráneo… (-)
Cambio la versificación original por una estructura 2-4-2, 2-4-2, 3-3-2, que se repite una segunda vez. Escojo esta estructura atendiendo al ritmo que impone la música, provocando que, entre el segundo y el tercer verso, el poeta haga una pausa versal que aísla al tercer verso y lo une, en encabalgamiento abrupto, al siguiente tercetillo. Ésto se repite tres veces más a lo largo de la canción, pero mantengo dos grupos de tercetillos que Serrat canta seguidos respondiendo al cambio rítmico de la música.
Así pues hablamos de que el poema se forma por dos grupos de “pareado-redondilla-pareado”, con los pareados de rima libre, asonante o consonante según el caso, y las redondillas de rima más bien asonante, y dos tercetillos, de rima consonante, que acaban con dos versos que pueden considerarse lo más parecido que hay en la canción a un estribillo: “(...) nací en el Mediterráneo”.
Repárese en que no sólo la música apoya esta distribución, sino que existen otros marcadores, como la rima, que en los tercetillos que mantengo es consonante, frente a la asonancia de las redondillas y la libertad de los pareados. También los dos versos sueltos, “Yo” y “Ay”, que aparecen conectados con los siguientes y situados en anacrusa musical, están situados justo entre las dos parejas de estructuras 2-4-2. Y esos pareados que entendemos como pseudo-estribillos cierran cada uno de los dos grupos.
Pero lo que me ha empujado empujado definitivamente a esta reorganización ha sido la prosodia. En medio de la autopsia que le hice a la canción me encontré con algo que no se ve desde fuera, una pauta que aparece y desaparece de un modo quizá inconsciente hasta para el compositor, pero que sin duda alguna responde a la propia música interna que tiene el poema. En las estructuras que me ha dado por llamar 2-4-2 nos encontramos con muchas 5ª sílabas átonas que reciben una mayor acentuación (subrayadas en el texto), algunas veces por encima de las tónicas naturales. Esto es: pronombres átonos, preposiciones, sinalefas varias, etc… que reciben una acentuación que no merecerían en una lectura a capella, pero que sí reciben al cantar la canción.
No en vano, en el único verso que se repite, ‘nací en el Mediterráneo’, también la 5ª sílaba (‘di’) es acentuada siendo átona. Sería estéril tratar de discernir por qué razón se da esta curiosidad: como ya dije, tiene que ver con la música interna del poema pero también tiene mucho que ver el propio estilo de Joan Manuel como cantante, algo que a buen seguro tendrá muy en cuenta su Yo-Poeta durante la creación.
Tras estas primeras consideraciones formales, en el siguiente post trataré de su contenido, sumergiéndonos en el significado de sus versos para empaparnos con su inmensa belleza.