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Finaliza la cuarta búsqueda de Marta del Castillo y su cuerpo no aparece. El juez del caso, con buen tino y gran sensibilidad, ha actuado con la comprensión que caracteriza al ciudadano medio, padre de familia, y no como el legislador frío y metódico que analiza el hecho, como si de un mecánico de automóvil se tratase, que nos revisara el coche averiado que le hemos llevado al taller. El resultado de esta nueva búsqueda supone otro atentado contra los principios democráticos por los que algunos españoles hemos luchado, además de emplear más recursos económicos de la administración, o sea, de los contribuyentes, y una nueva decepción para los familiares de la víctima, además de suscitar determinados interrogantes entre la población que presencia, estupefacta, como un puñado de maleantes, mantienen esta descarada agresión contra todos principios democráticos, y lo que importa más, todos los elementos humanos.
Individuos como éstos, ponen en evidencia las carencias y las limitaciones que albergan las democracias burguesas del mundo y -¡cómo no habría de ser!- concretamente la española, donde los derechos de la mayoría responsable , se ve a diario conculcados por esta lacra social que sólo sabe aprovecharse de los resquicios que ésta permite.
La tolerancia, la estupidez, el buenismo, añadido al complejo moral y antidemocrático que a algunos les acompaña, hacen que los enemigos de la sociedad, los destructores del sistema que tantos sufrimientos y tantos años nos ha costado conseguir, pongan en entredicho el funcionamiento correcto de las instituciones que amparan más al imputado que a la victima, y permite que unos cuantos sinvergüenzas, mantengan en jaque a una familia dolida y, lo que me parece peor, a todo un sistema que no es capaz de sacarle a un puto niñato, dónde se encuentra el cuerpo de la joven asesinada. Buenismo judicial e inoperancia policial se confabulan en este caso, porque entre la población es habitual oir el comentario de que "Marta no está en el río, ni en la zanja de Caño Ronco." El padre ha declarado públicamente que el cuerpo de su hija jamás se va a encontrar y que sospecha donde la tiraron, opinión que mantienen más de uno en voz baja, (...). Ese y no otro debe ser el camino por donde se oriente la nueva investigación.
Para que la democracia sea creíble y esté al servicio del pueblo, y no en su contra, los legisladores han de hacerla respetable, si no, habrá que cuestionarla más de lo que está. Yo no acabo de creer que la policía sea capaz de hacer hablar a un etarra y que ademas te lleve al sitio donde estaban los zulos, y no consigan que un simple niñato declare qué ha hecho con el cuerpo de esta joven; la verdad, la credibilidad del sistema está en juego.
El primer contacto que tuve con El Principito, del francés Antoine de Saint-Exupéry, sería a finales de los 60 o principio de los 70, cuando mi actividad lectora estuvo más desarrollada. Estas dos décadas fueron de un alto consumo de libros, aunque no muy recomendables para la lírica ni la narrativa, ya que las circunstancias sociales y el ambiente donde te movías imponían otras lecturas "más apropiadas" para el instante que se vivía, con lo cual, todo lo que no fueran materias económicas, filosóficas y políticas, casi estaban proscritas, aunque algunos, a riesgo de ser etiquetados de "burgueses y sospechosos", nos permitíamos, de vez en cuando, saltarnos las normas y cometer el "sacrilegio" de leer a Hölderlin, Aleixander, Cavafis, Ferlosio, Celine, y también El Principito de Exupéry.
La verdad es que fue un libro que no me produjo ninguna sensación, debido, claro está, al escrúpulo pueril que mantenemos, en ciertas ocasiones, cuando tenemos ante nosotros algo que, aparentemente, creemos que es para niños, y ni siquiera las advertencias que incluía el autor, me hizo rebuscar entre su lectura el mensaje escondido que transmitía.
“A LEON WERTH
Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Pero tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de comprenderlo todo, incluso los libros para niños. Tengo una tercera excusa todavía: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Tiene, por consiguiente, una gran necesidad de ser consolada. Si no fueran suficientes todas esas razones, quiero entonces dedicar este libro al niño que fue hace tiempo esta persona mayor. Todas las personas mayores antes han sido niños. (Pero pocas de ellas lo recuerdan). Corrijo, por consiguiente, mi dedicatoria: A LEÓN WERTH
cuando era niño”
¡Cómo se puede estar tan ciego y en qué lugar del universo suprairreal andaba perdido! El caso es que nunca fue un libro descartado, pero que, para mi desgracia, seguía catalogando como de niños, por esa razón, llegado el momento que creí conveniente para su lectura, se lo regalé a mi hija para que engrosara la que era ya su notable biblioteca, y de paso, volví a darle una nueva lectura que me dejó aún más frío que en la primera. Se palpaba de manera notoria los efectos “antisensibleros” que producían en mí formación personal la abultada lectura de “materialismo dialéctico” que por aquellas fechas consumía, si no, no se entiende el despiste.
Pero, como algunos opinan, las sendas del destino ya están trazadas, y mi vida y el libro volverían a cruzarse una vez más. Ocurrió a principios de los 90; no pasaba yo por mi mejor época emocional, aunque la emotividad sí hacía algunos años que había retornado al lugar de donde no tendría que haberse movido. Fue una amiga, que tampoco pasaba por buenos momentos, la que me puso de nuevo en contacto con el citado personaje de Exupéry, a través de una tarjeta postal que me enviara –desgraciadamente, es otra de las bellezas que hemos eliminado de nuestras aburridas vidas-, en la cual, trataba de darme ánimos y, a su vez, descargarse ella de su congoja, en la que en el envés de una maravillosa puesta de sol, escribía:
“-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces! Un poco más tarde añadías: -Sabes..cuando uno se encuentra tan triste, gustan las puestas de sol... -¿Tan triste estabas el día de las cuarenta y tres veces? Pero el Principito no respondió.” (capítulo VI)
Y la verdad, quedé anonadado. ¿Aquel opúsculo filosófico estaba encerrado en ese libro y yo no lo había descubierto?
Fue entonces cuando lo retomé y me enfrasqué en su deliciosa lectura, y descubrí, por fortuna, los secretos y los mensajes criptados (poner atención en la utilización que hace del número 6) que contienen sus hermosos y cortos capítulos, sobre todo, es recomnedable detenerse en el XX y XXI: para mí toda una perfecta lección de filosófía. Más tarde, fue objeto de estudio en un grupo de trabajo que componíamos varios amigos interesados en la difícil tarea de exprimir, hasta el último jugo, determinados propósitos literarios, y coincidimos en el alto componente autobiográfico, psicológico y filosófico que encierra este libro, y desde entonces ha pasado a formar parte de mi equipaje vital. (Para completar más afondo el conocimiento de esta lectura, recomiendo que lean también "Lo esencial es invisible. El Principito de Saint-Exupéry: una interpretación psicoanalítica" de Eugen Drewermann.)
Descubrir El Principito fue para mí uno de los mayores hallazgos que realicé en mi vida de lector, por tal motivo aún lo sigo reivindicando como libro de cabecera para estos días de tanta superficialidad materialista. Que no os pase como a mí que perdí tanto tiempo en descifrarlo. Os animo a su lectura. Que lo disfrutéis.
P.D.
"Mirad atentamente este paisaje para que estéis seguro de reconocerlo, si algún día hacéis un viaje a Africa, al desierto. Y, si llegáis a pasar por allí, no tengáis prisa, os lo suplico, ¡esperad un poco exáctamente de bajo de la estrella! Si entonces un niño viene hacia vosotros, se ríe, si tiene cabellos de oro, si no responde cuando se le pregunta, adivinaréis al momento quién es. ¡Entonces sed buenos conmigo! No me dejéis tan triste: escribidme en seguida que él ha vuelto..." A. S. de Exupéry
Hay una persona, no sé si él me permitirá llamarlo amigo, de esos que, inesperadamente, te salen al encuentro porque ha coincidido contigo en la manera de padecer la vida y en la forma de sentir el mundo. Es un habitual a mi blog que no tiene rostro, ni identidad, ni presencia; solo conozco de él su nombre, que vive cerca de mí y deduzco, por sus desesperadas palabras, que atraviesa un mal momento; ahora que, probablemente, necesita de mi ayuda, desconozco la manera de hacerlo.
Lo conocí, cosas del destino, en un paseo virtual que realicé por el Aljarafe sevillano; pudimos, incluso, haber coincidido en una bodega de la zona, degustando una botella de mosto y un buen plato de aceitunas; pero no ocurrió, así que el único contacto que mantenemos es a través de los comentarios que de vez en cuando deja en mi página, y de un par de correos electrónicos que nos hemos enviados. Eso es todo. Pero la amistad se parece tanto al amor, que a veces basta con un simple contacto para notar en tu interior que algo extraño ha nacido, que la persona con la que te has cruzado ya no es para ti la misma de antes; desde ese preciso instante, la consideras parte de ti, y te alegras con su felicidad, y te afliges con sus desgracias. Uno quiere seguir creyendo en la verdadera amistad y en la maravillosa utopía de un mundo gobernado por el desinterés personal y la solidaridad con el prójimo.
La situación por la que pasa mi amigo es similar a la de miles de padres de familias que, debido a la depredación de los bancos y a la inagotable insatisfacción de los empresarios, han llegado a una desesperación patológica por encontrarse imposibilitados a realizar lo único que saben hacer y que desde muy jóvenes han desarrollado durante toda su vida: trabajar. Para los que, como él, la única manera de poder subsistir y que a los niños no les falten un par de zapatos, es alquilar su fuerza de trabajo, no a la mejor oferta que se ofrezca, sino al primero que quiera contratarlo, ahora se encuentran en una situación de parálisis obligada, donde la única actividad que mantienen es la búsqueda angustiada en las páginas de empleo, las frustrantes entregas de currículos, ante el gesto dubitativo de quien los recoge, y las temerosas e ilusionantes entrevistas de trabajo que se dignan concederles. Desde que cayó en el pozo donde han sucumbido 4.500.000 de españoles, este es su menester diario, agobiado por la rapidez con la que pasan los meses y la facilidad con la que se encadenan las facturas, siempre con la incertidumbre del mañana, con la duda metida en el cuerpo, temiendo no poder hacer frente, un día cualquiera, al pago de la hipoteca, y comprobar con sorpresa que el “comprensivo” banco no acepta cobrar con “optimismo y confianza” y proceda, inmediatamente, a ejecutar el desastroso embargo, la compañía eléctrica y de aguas, a cortarle el suministro, y el seguro de desempleo finalizado.
Hemos caído en un agujero profundo del que no sabemos quien nos va a sacar. Los bancos siguen teniendo beneficios grotescos; las grandes empresas se quejan porque ganan menos, pero en definitiva, también aumentan sus ingresos. El gobierno lleva dos años dando palos de ciego, sin tener ideas por donde coger al toro; el futuro sustituto (el PP) ya se sabe como funciona: rebaja de impuestos para los que más tienen, exenciones económicas para las empresas, disminución de los presupuestos sociales, más facilidades para el despido, etc., con lo cual, saldremos de Judas y nos meteremos en Pilatos. De los sindicatos, tampoco se puede esperar solución, mientras los tengan bien comidos y pagados (cosa que saben hacer a la perfección los dos partidos con posibilidad de gobierno) y de nosotros, los trabajadores, mejor ni acordarnos. ¡Qué nos ocurre a los “currelas” que pasamos de todo lo malo que nos rodea, y luego, cuando caemos en desgracia, queremos que vengan raudo a solucionárnoslo! Da pena ver parte de la clase trabajadora aburguesada, compitiendo por tener lo que un simple trabajador no puede ni debiera aspirar, siempre rivalizando con el vecino en la ostentación de objetos materiales, idiotizados por la televisión y pretendiendo emular los comportamientos y maneras de vivir de los personajillos famosos. A nadie le importa la organización; todos esperan que, ante las dificultades, venga papá estado y les resuelva el problema. La supervivencia la basan en “cuanto menos piense, menos problemas me creo”, y así nos luce el pelo.
Tengo un amigo que no pasa por un buen momento, está desempleado, tiene problemas de movilidad, ha entrado en la edad clave para no encontrar trabajo, tiene una familia que mantener y, además, hacer frente a los pagos. Mi amigo me comenta que no se va a quedar quieto viendo cómo sus hijos no tienen zapatos que ponerse; tiene claro que no le va a dar un tirón a una anciana; tampoco se meterá en el trapicheo de drogas, pero algo tiene que hacer para pagar las trampas, para comprar el pan del día, para ponerle el plato de comida a los críos. Yo no he sabido qué responderle, pero desde aquí solicito que si alguien puede echarle una mano ofreciéndole cualquier trabajo, no se haga esperar porque el caso urge; además, propongo una idea: si es verdad que son tantos los parados y numerosos los que estamos hartos, ¿por qué no nos organizamos y reventamos este injusto estado?
Amigo del alma, lo único cierto en esta vida es que siempre que ha llovido, ha escampado. Esperemos que no sea demasiado tarde y estemos vivos para comprobarlo. Suerte.
¿Cuál es realmente el origen de esta fecha reivindicativa? Por lo que a mí respecta, lo único que puedo decir es que nadie se pone de acuerdo. Unos alegan que procede de una gran manifestación de las trabajadoras del textil, contra las malas condiciones de trabajo y la reducción de la jornada laboral a 10 horas, realizada en Nueva York en el año 1857. Otros la fundamentan en la huelga que mantuvieron las trabajadoras de la fábrica “Cotton Textile Factory” de Nueva York, en el año 1908, solicitando un aumento de salarios, la reducción del tiempo de trabajo que estaba en 12 horas al día y el final del trabajo infantil. Ante las negativas de los patronos, estas se encerraron en la fábrica y los propios dueños la incendiaron con ellas dentro, originando una cifra de 129 muertos. Los hay que aceptan esta versión, pero difieren en que el incendio lo produjo las bombas que lanzó la policía para intentar el desalojo del edificio. Algunos corrigen los datos y las fechas y aclaran que los dos hechos mencionados anteriormente son incorrectos, y que el incendio no se pudo provocar el 8 de marzo de 1908, “porque ese día era domingo, y por lo tanto se libraba... (¿?). Que la fecha de la matanza fue el 25 de Marzo de 1911, en la compañía “Triangle Shirtwaist Company”, y en la que murieron 146 trabajadoras.
Como se ve, esto está más complicado que ponernos de acuerdo, dónde estuvo situado el Paraíso Terrenal, y si Adán y Eva fueron o no, nuestros primeros padres. Sea cómo y de qué forma el origen de esta fecha reivindicativa, lo cierto es que todos los datos coinciden basarlos en las malas condiciones laborales que padecían las trabajadoras de todo el mundo, y las continuas movilizaciones de protestas que estas organizaban. Se tienen noticias de la primera manifestación en EE.UU. por el “Día de la mujer trabajadora”, en el año 1909, y en Agosto de 1910, Clara Zetkin, en la II Conferencia de mujeres socialistas, propone que se internacionalice esta fecha y su celebración por las organizaciones de izquierdas. Hubo que esperar hasta el año 1977 para que la oficina de las Naciones Unidas declarara esta fecha como “El Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras”, y la extraña elección del color lila (no el rojo) para representar el esfuerzo y la memoria de las mujeres que murieron tratando de abolir unas condiciones laborables tan indignas.
Para concluir: recordar que es una fecha de lucha y de compromiso, no festiva, ni de jolgorio, como algunos/as la quieren convertir; no olvidemos que muchas mujeres siguen estando en un segundo plano. Que el esfuerzo que realizaron las anteriores, en momentos y condiciones más desfavorables, no caigan, ahora, en saco roto. Buen día reivindicativo.
Cuando aparece un problema, todos nos miramos extrañados ante la mala noticia, e inmediatamente nos apresuramos a decir que nosotros no somos culpables. Tenemos ejemplos cercanos de esta situación en nuestras propias casas, donde si el mando a distancia del televisor está destrozado, o el parachoques del coche ha desaparecido, todos los moradores del hogar que hacen uso de ellos se encogen de hombros y repiten a coro: “ah, a mí que me registren, yo no he sido”.
España, por arte de magia, aparece empapelada, las radios y las televisiones invadidas con el spot publicitario donde, los culpables de la situación económica que padecemos, nos invitan a abandonar el pesimismo que mantenemos, adoptando una postura más positiva de cara a la crisis que nos machaca, y animándonos a que abandonemos esta apatía consumista y les solucionemos el problema a ellos.
Los artífices de esta gran idea han sido las Cámaras de Comercio y 18 de las grandes empresas del país, entre las que se encuentran: Banco Santander, BBVA, La Caixa, Caja Madrid, entre las entidades financieras; Albertis, concesionaria de autopista; SEOPAN, patronal de las grandes constructoras españolas; Repsol, Cepsa, Endesa, Iberdrola, Red Eléctrica Española, entre las energéticas; El Corte Inglés, Mercadona, Indra, Mapfre, RENFE, Iberia y Telefónica. El “donativo” que estas empresas han ofrecido para costear la campaña, valorada en cuatro millones de euros (vergonzoso teniendo en cuenta la situación que padecen muchas familias españolas), va desde los 150.000 a 1.000.000 de euros que, “generosamente”, han aportado para colaborar en nuestra mejora de ánimo.
Para ello se han servido de los inevitables famosos que siempre están disponibles, cuando hay un talón de por medio, y que tan alejados están de nuestra realidad cotidiana y económica. Ejemplos: -Gasol: 10 millones de euros al año. -Buenafuente: 2 millones de euros al año. -Angels Barceló: 200.000 euros al año. -Ferrán Adriá: 70.000 euros por conferencia. -Juan José Millás: 600.000 euros por el premio Planeta, etc., no creo que estos personajes tengan razones objetivas para estar deprimidos, y no son un ejemplo acertado para animarnos a salir “de nuestro empecinamiento económico”.
Para salir de la crisis no necesitamos campañas publicitarias que nos animen en nuestra pésima situación económica; para salir de esta deprimente situación, lo que de verdad necesitamos es que estas generosas empresas creen puestos de trabajo y que faciliten créditos a los autónomos y pequeños empresarios. Con un buen slogan publicitario no se soluciona nada, a no ser que lo que pretendan sea, hacer sentirse culpables a los que no han intervenido en crearla. Pero si quieren publicidad, que le echen una ojeada a esta.
Y la siguiente es con la que pretenden lavarnos el cerebro.
Mañana domingo están convocados nuevamente los colectivos “pro vidas” para protestar por enésima vez por la nueva ley del aborto, en un intento manipulador y desestabilizante de las fuerzas reacias a todo lo que implica un avance de la sociedad. Lo que la iglesia y sus compañeros de viaje hacen es confundir a la ciudadanía con un falso mensaje que la ley no recoge, pues lo que ésta hace es posibilitar la interrupciónvoluntara del embarazo y no lo que ellos tratan de transmitir a la sociedad: la ejecución masiva en el hospital de neonatos. Además, la diferencia entre esta última ley y la aprobada por el gobierno de Aznar, sólo se diferencia en que la actual legaliza lo que ya estaba generalizado, eliminando las ambigüedades que contenían la otra, y la posibilidad de que las mujeres y las clínicas que lo practicaran fueran objeto de persecución judicial cuando a un juez o a una institución afín a sus doctrinas, se les antojara.
Jamás hemos visto a estas fuerzas regresivas movilizarse contra la ley del aborto que aprobó el PP; ni tampoco contra la miseria existente en algunos lugares del planeta; ni contra las continuas violaciones de los derechos humanos que a diario se producen en el mundo; ni de las ejecuciones sumarísimas que regímenes cercanos a ellos practican; ni aún, mucho menos, contra los vergonzosos casos de pederastia que cada día van saliendo a la luz pública y que la oficialidad vaticana ocultaba. Si tenían pocos, a los casos de EE.UU. se les ha unido los de Irlanda, España y, ahora, los de Alemania, donde un coro juvenil de la catedral de Ratisbona, que dirigió el hermano del actual Papa, ha venido sufriendo abusos sexuales durante bastantes años. Pero ahora la consigna es salir a la calle para desestabilizar, porque lo que cuenta, no es lo acertado o no de la ley, si no la ocasión de instrumentalizar la medida para desalojar a la supuesta izquierda que gobierna.
El problema de la derecha española es que está compuesta, en su gran mayoría, por elementos ultramontanos que siguen sin aceptar el veredicto de las urnas, y por lo tanto, siempre están en una actitud de semigolpe de estado, porque no toleran ser oposición, los que durante largas décadas han sido los amos del territorio. Esta es una derecha rencorosa, cainista, falta de principios y valores, que no les importa utilizar, para lograr conseguir sus objetivos, ni las creencias religiosas ni a las personas verdaderamente creyentes. ¡Qué lejos están de la otra derecha europea y de la catalana! Protestan y lanzan a la calle a los que lo oyen, con la excusa de que se atenta contra la familia y lo sagrado, y luego van, los muy desvergonzados, y tienen queridas mantenidas, abusan sexualmente de chavales, se divorcian, utilizan condones y anticonceptivos, y si hay algún caso de embarazo inesperado, siempre tienen a un amigo médico que les echa una mano, o la facilidad de un billete de avión para realizar el aborto en el extranjero.
Mañana domingo volveremos a ver en la calle el carnaval atrasado de los defensores de la familia y de la vida; se lanzaran consignas de “Zapatero asesino”, “gobierno dimisión”, etc., pero ninguna contra las violaciones que los sacerdotes católicos infringen a los niños del mundo, ni contra las numerosas riquezas de la iglesia y el Vaticano, cuando tanta necesidad hay en España y en otros muchos países. Luego, los calculadores oficiales, harán un recuento aproximado –siempre tirando a la exageración-, los proyectarán de cara a las urnas, y a confiar en una nueva metedura de pata del actual gobierno, para, si es posible, no tener que esperar hasta dentro de dos años.
Cuando socialdemócratas y neoliberales se reúnen para intentar solucionar la situación económica que padece el país, ¡malo!, los ciudadanos debemos echarnos manos a la cartera, no sea que nos la roben. El personal ya anda bastante escardado de pasados acuerdos que suscribieron estos dos partidos cuando las cosas no funcionaban correctamente en los periodos en que algunos de los dos gobernaban. De cara al espectador, saben representar a la perfección el papel que el mangoneo gubernamental les tienen asignado, montando llamativas trifulcas semánticas sólo con la intención de confundir y conformar a la opinión pública que asisten a sus espectáculos sin la formación cultural adecuada, ni la mínima labor de enjuiciamiento, pero luego, en los despachos –verdaderas cocinas donde se preparan los amargos potajes que más tarde tendremos que comernos-, no tienen grandes dificultades para concretar una serie de medidas antipopulares que graven, aún más, la situación económica que padecen la mayoría de la población española, porque, ¿qué problemas se van a encontrar en la elaboración de un programa económico dos partidos que, en teoría, quizás tengan diferencias ideológicas, pero que en la praxis, que es el lugar donde en realidad se visualizan las diferencias que pudieran existir entre ellos, son similares. La teoría económica del PSOE es un calco de la que emplea el PP cuando dirige el país; es una economía neoliberal que lleva fracasando varias décadas allí donde se ha aplicado, edulcorada -eso sí que lo cuidan los primeros- con un fuerte aporte de populismo travestido de social, haciendo un guiño ridículo e inoperante, a todos los sectores, teóricamente, marginales, en un intento absurdo de aparentar progresismo. Los segundos, neoliberalismo, puro y duro, disfrazado de argumentos novedosos y presentados como la panacea última capaz de resolver los problemas económicos que, sólo ellos y su ineficaz régimen económico, han creado.
Al verlos juntos, empresarios y banqueros se frotan las manos; son personas sensibles a las que no les agrada presenciar a dos hermanos enfadados. Como buenos padres que son, nunca se inclinan de forma descarada por uno, porque a ellos, lo que de verdad les importa, son las cuentas de resultados, y, hemos de ser justos, con el PSOE nunca les ha ido nada mal, si no, que se lo pregunten a estos últimos. De momento, los empresarios, a través de su organizaciónrepresentativa la CEOE, han lanzado un globo sonda para ver qué aceptación tiene entre los medios propagandísticos, las fuerzas sociales más representativas y los dos partidos que acaban de reunirse. Aquí todo el mundo pretende ser pescador y pescar en el río revuelto en que se ha convertido la economía española, por lo tanto, han tenido la deferencia de proponer un nuevo contrato de trabajo basura para los jóvenes, donde ellos no pagarían seguridad social al estado; los contratados cobrarían, en el mejor de los casos, el salario mínimo interprofesional (633 euros mensuales); no tendrían indemnización por despido y tampoco, derecho a desempleo. Como podemos observar, no se puede ser más generoso. Los banqueros por su parte –no olvidemos que son responsable directos de la situación que padecemos- han “trincado” todo el dinero que Zapatero les ha proporcionado, y ahora es el mismo gobierno quien se ha tenido que convertir en banquero para facilitar a las Pymes los créditos que las entidades financieras niegan.
España es un país de pillos, donde nació y se acomodó perfectamente la picaresca. Por este motivo, al pueblo le cuesta tanto cuestionar el “mangoneo” que con tanta frecuencia se produce. La mayoría somos cómplices de los desmanes que se están realizando, y, a pesar de todo, lo vamos sobrellevando. La comprensión que algunos manifietan por la rapiña que se produce en todos los niveles del estado; el asumido pasotismo político que mantenemos con el comportamiento y las actitudes de nuestros mandatarios y el nulo interés por los temas vitales que afectan a nuestra sociedad y a nuestra economía, hacen que estos dos partidos hermanos se hagan eternos en el gobierno del país, limitándonos a cambiarlos, cada cuatro años, si nos tienen muy cabreados, con lo cual, la política y la economía que se desarrolla en el territorio es siempre la misma, porque ellos, socialdemócratas (PSOE) y derecha dura reconvertidos (PP) son la misma cosa, pero con distintos estilos, o como dicen en mi pueblo: “son los mismos perros, pero con diferentes collares.”
Nadie sabía donde encontrarlos. Buscaban por todas las casas y los alrededores del pueblo, preguntaban por ellos a los forasteros que se bajaban del autobús, algunos, en un acceso de angustia, pero nadie se atrevía a comunicar la desaparición a las autoridades. Los más afortunados, los verdaderamente creyentes, rogaban a Dios para que los iluminaran en sus pesquisas; el resto, los apostatas de la fe, los agnósticos, refunfuñaban tímidamente –en un gesto complaciente por apoyar las plegarias de los bienaventurados- por las dificultades que entrañaba el hallazgo. Nadie se ponía de acuerdo en el lugar donde estarían, ni los motivos de la desaparición, ni la coincidencia de hacerlo los dos al mismo tiempo. Todo eran elucubraciones; buscaban con el mismo tesón del que espera encontrar el tesoro que un día perdieron, o bien, los restos de conciencia diseminados, en la contienda que mantuvieron contra la vida. Los hombres confiaban hallarlos; las mujeres, que se los hubiera tragado la tierra.
La responsable de este desorden público era un alma furtiva. De esas que, un buen día, se cansan del hombre que la lleva cautiva y, sin avisar ni darle explicaciones, lo abandona. Ésta pertenece al grupo clasificado de errantes; las hay, también, estables, taciturnas, alegres, dubitativas, lacónicas, malditas, y consecuentes; pero la nuestra, la culpable de este terrible desbarajuste en la comunidad que, hasta ahora vivía tranquila, es un alma esquiva e inestable, que suele quedársele, pronto, estrecho, el hueco donde se cobija. Ella es antojadiza, quejicosa, insatisfecha, ardorosa... ella es una adorable alma, de las que no duele padecerla ni cansa su sobrepeso, es de la que no te dejan descansar mientras la posees y te invalidan cuando te abandona.
El primer día que se la vio vestía de gasas blancas y azules, con los labios pintado con dulces frambuesas y caracoles marrones engalanando su pelo castaño. Paseaba por el dique del río, lugar perfecto para quien quiere ser visto, ya que era el espacio preferido para el paseo dominical de las parejas de novios. Esa tarde lucía un radiante sol de invierno, de esos soles endomingados que invitaban a salir a la calle para absorber la ternura de sus cálidos rayos. Después de esa primera vez, varias fueron las veces que se la vio; se hizo la encontradiza en la plaza municipal; en los cafés de moda su presencia no faltaba; tampoco en los grandes eventos sociales de la comunidad, pero donde más notaban su ausencia era en las misas habituales y en los tristes entierros. Las mujeres, que ya comenzaban a engordar sus envidias, comentaban que era impía, que tenían noticias fiables de que su último y más querido poseedor murió siendo ateo, y que sólo era una vulgar y presuntuosa coqueta que venía a alterar las buenas normas de convivencia de aquel tranquilo pueblo. Pero en el fondo, lo que encerraban esas voces maledicientes, era el tímido temor que provocaban en ellas las largas miradas admirativas que sus hombres le dirigían, y que, a cualquier hora y ocasión, siempre fuera referencia y centro de discusión, en las conversaciones que éstos mantenían.
Por fortuna, hace ya dos semanas que no se la ve paseando las calles; justo desde la desaparición de Paco, el panadero, poeta en sus ratos libres y, los maliciosos añaden, que también comunista. Hay quienes aseguran que algún escuadrón de la muerte lo sacó de su casa una madrugada para ajustarle las cuentas. Otros opinan, por buenas referencias, que se fugó con la hija del boticario del pueblo de abajo; las mujeres, suspirando, en un gesto irreprimible de disgusto por su ausencia, añaden que se fue a las Américas, detrás de una prima argentina con la que se carteaba. Pero lo cierto es que, ni la deseada-odiada alma, ni el inasequible y suspirado panadero, daban señales de vida. El pueblo, con su ausencia, poco a poco recobraba la normalidad. Sin la presencia de dos seres tan inquietantes y desestabilizadores como eran, la actividad de la sociedad primitiva volvía a retomar su estable funcionamiento; cada día, los hombres buscaban menos y dedicaban más tiempo a la huerta o a la partida de dominó, y las mujeres, en una plegaria de agradecimiento, daban gracias al cielo por la estabilidad que volvía a reinar en la comunidad.
Resulta que, los enemigos de siempre de la democracia, los que jamás levantaron una voz ni se opusieron al dictador, los que no les importarían, si pudieran, retroceder a esa época terrorífica del franquismo, ahora vienen a darnos lecciones de libertad y de comportamientos democráticos. El detonante ha sido la muerte de Orlando Zapata, Cuba, después de 86 días en huelga de hambre, y la desafortunada declaración del actor Guillermo Toledo, por una parte; por otra, la imputación que hace el juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, al gobierno de Venezuela y a su presidente Chávez, de colaboración con ETA y las FARC de Colombia para la ejecución de varios asesinatos en territorio español. Los sucesos no pasarían de catalogarse como de “normales y cotidianos” en esta vorágine de acontecimientos inadmisibles que nos asaltan a diario, si no fuera por la publicidad que les da la prensa, las emisoras, y los periodistas añorantes de tiempos, felizmente, superados.
Lo que estos falsos demócratas defienden no es el bienestar del pueblo venezolano, ni el derecho a la vida en Cuba, ni en España, ni en la China. Bueno sería recordar en estos momentos, las opiniones que emitían cuando la huelga de hambre de los GRAPOS, en la que llegaron a morir dos de ellos, Juan José Crespo Galante, en Junio de 1981 y José Manuel Sevillano, en Mayo de 1990, donde, incluso, animaban a las autoridades de entonces a que los dejaran morir sin asistencia sanitaria. Tampoco se pronunciaron de manera favorable con la huelga que emprendió el preso común de la cárcel de Can Brians, Albert Panadés Soler, que moriría en Junio de 2002, en protesta por la situación de malos tratos que padecía en esa cárcel y la negativa, en tres ocasiones, del tercer grado que había solicitado. También animaban al presidente Zapatero, al que llamaban con todos los descalificativos posibles por su intervención responsable, a que dejara morir de mala manera al terrorista Iñaki de Juana Chaos, tan cristianos como son, tan defensores de la vida humana y tan demócratas. A estos oscuros personajes no les preocupan en absoluto la falta de libertades que padezcan estas poblaciones, ni las condiciones sanitarias, ni las educativas, ni mucho menos las económicas, ni los muertos que se producen en estas refriegas políticas; sólo les interesan como armas arrojadizas para desestabilizar la zona donde ellos no tienen cabida, pues donde gobiernan, los pocos avances que posee el pueblo, pronto desaparecen.
La artimaña en la que quieren hacernos caer de que “o se está contra los Castro y los Chávez, si no se está a su favor”, es una burda falsa en la que no entraremos los que de verdad hemos luchado antes y seguimos, aún, defendiendo la paz y la democracia para todos los rincones del mundo. Querer el bienestar del pueblo cubano, como la del resto de la población hermana de Sudamérica, no comporta estar de acuerdo con Castro, ni con otro gorila dictador que se aproveche del populismo que irradia su persona sobre las masas, para la manipulación política y el enriquecimiento personal. Pero que no se confundan estos especuladores de conciencias; no aprobar lo que hacen estos dirigentes no comporta tener que bloquear sus economías, sus medicamentos, sus fuentes de energía, etc., en un intento vil de estrangular a la ciudadanía para que, exaltadas, se lancen a la calle y les hagan el trabajo difícil y sangriento que quieren ellos. Si estar en contra de los Castro, Chávez, Daniel Ortega, Rafael Correa, Evo Morales, etc., es sustituirlos por los peones de EE.UU. que transformen, nuevamente, sus países en el burdel americano que era antes, ya, desde ahora mismo, digo: ¡Conmigo no contéis! Y me tendréis, afortunadamente, como siempre, enfrente vuestra.
Todos contra el juez Garzón. Esta parece ser la consigna que ahora prevalece en los medios cercanos a ese residuo de Tribunal de Orden Público (el tenebroso TOPfranquista) que representa el actual Tribunal Supremo. Los que defienden al juez más mediático de España aducen que, lo que motiva a sus perseguidores, no es más que la corrosiva envidia que producen los continuos éxitos que éste acumula contra la banda terrorista ETA, y la predilección que manifiestan por él, los responsables policiales, a la hora de ejecutar cualquiera compleja intervención de éstos cuerpos. Puede ser que estén en lo cierto, porque Garzón ha participado y ha dejado en un bochornoso ridículo, en más de una ocasión, a jueces timoratos que hoy se revuelven contra él, porque el miedo les imposibilitaban actuar contra ETA y las mafias que negocian con las drogas.
Para alguien que no es sospechoso de adulación a éste juez (hay detalles y decisiones en su vida que no acabo de ver claras) puedo creer que los que lo defienden ahora no estén del todo descaminados. Por cochina envidia se produjo el primer asesinato del mundo, entonces, ¿por qué no habría de cometerse un “garzoncidio” que evidenciara a esta casta de jueces ineficaces? Pero aún así, yo me inclino a pensar que no es esto lo que crea tanto afán de venganza contra el juez; lo que realmente los motiva es el resentimiento que guardaban por el susto que le dio al tirano Pinochet (reencarnación respetadísima del dictador español) y, lo que ha resultado definitivo para envalentonarlos, el proceso al franquismo, en un intento del juez por sacar a la luz pública, de una maldita vez, los crímenes que se cometieron en la larga noche de la dictadura. Es evidente que la razón principal por la que las larvas residuales del franquismo no hayan podido soportar más la osadía de un juez que, a pesar de las contradicciones que en algunas acciones mantiene, ha querido desenmascarar a los que siguen sosteniendo (aunque vayan disfrazados de demócratas) que la época del ordeno y mando, y de los juicios sumarísimos, estuvo lleno de paz y bienaventuranza.
Estas, y no otras, son las auténticas razones que los movilizan. Temen que se abran las fosas donde reposan los resto de los asesinados; que el pueblo pierda definitivamente el temor y exijan recuperar los cuerpos de sus fusilados, para darles el descanso que las “buenas gentes” de la cruz en el pecho les negaron. Les asustan que las carreteras se vuelvan a llenar de esqueletos, esta vez, reclamando el calor de un cementerio, y que con el clamor de la búsqueda salga a la luz la masacre que realizaron. Ellos, señores, son envidiosos, pero el nivel social en que viven les enseñó digerirlo; es algo que lo aprenden desde niño. Estos individuos, lo que no toleran, es que les toquen lo sagrado, y en este caso, el juez Garzón se ha atrevido a mucho, queriendo enjuiciar los actos de Franco.
España no se puede permitir que jueces de esta profesionalidad queden apartados de la actividad pública; lo que en verdad daña al país y a la credibilidad judicial, son las sentencias que dictan algunos de estos togados que ahora aprovechan la debilidad del magistrado para atacarle por todos los flancos. ¡Que gran teatro es la vida! Los que hoy lo critican, atacan y quieren llevarlo a la hoguera, son los que haces años, cuando lo del GAL, querían subirlo a los altares y lo ponían en todo momento como ejemplo de independencia y de profesionalidad. Por el contrario, los que lo defienden actualmente, son los mismos que cuando el GAL querían lincharlo y lo acusaban de “revanchista, ambicioso, protagonista, mediático y poco recomendable para el ejercicio de la profesión”; en cambio, ahora, desde que Garzón “confraterniza”, una vez más, con las directrices del partido socialista, “es un ejemplo a seguir para dictar justicia”. ¿Alguien entiende el mundo y sus intrincados recovecos? ¡Qué acertado estuvo el que dijo que “nada es verdad ni es mentira, todo es según del color del cristal con que se mira”!
¡QUE VIENEN LOS AMERICANOS! En uno de los frecuentes ejercicios de nostalgia, a los que tan habituados estamos los que tenemos cierta edad, les contaba, a los que pacientemente me oían, un caso curioso que aconteció cuando era niño. Sería por el año 1964 aproximadamente, pues no tendría yo más de 11 años. El lugar, el barrio y la “zona fronteriza” que existía entre éste y el área residencial donde vivían los americanos que por aquel entonces colonizaban una parte de Sevilla, agregados a las bases aéreas militares que el franquismo les permitía, en Morón de la Frontera y el aeropuerto de San Pablo.
Ocurría que, para los negruzcos y famélicos niños sevillanos que ocupaban las barriadas limítrofes en aquellas fechas, el desconocido y novedoso mundo que se presentaba ante nuestros ojos era tan fantástico e inabordable, que ni siquiera la amenaza de la Guardia Civil, “encargados de protegerles”, ni el temor de los robustos y rubios cuerpos de los niños yanquis, hacían que desistiésemos en profanar su vigilado territorio. Era un paraíso cercano que te succionaba y te fortalecía para introducirte en ese reino prohibido y misterioso donde descubríamos gentes y palabras diferentes; juguetes, comidas, chucherías y juegos, hasta ese instante, para nosotros, ignorados. Nada nos detenía a invadir ese lugar idílico, ni siquiera la amenaza que pendía sobre nuestras cabezas –nunca más acertado el término- si nos atrapaban los del acharolado tricornio; el castigo consistía en meter la maquinilla - aquella antigua de pelar- por la cabeza, desde la frente, continuar en línea recta hasta finalizar en la nuca, y luego, cruzándose con el surco anterior, de oreja izquierda a derecha, quedándote una vistosa cruz que te marcaba para varias semanas. Y si reincidías, la cruz la pintaban con un color llamativo, para hacer tu localización más fácil.
Jamás entendimos el comportamiento poco amigable del Benemérito Cuerpo contra nosotros. La verdad es que no veíamos nada reprobable en nuestros actos cuando accedíamos al territorio enemigo: llegábamos al parque, desalojábamos a los rubitos que jugaban en los columpios y lo toboganes, y los tomábamos prestados, hasta que teníamos que salir corriendo ante la amenazante presencia de la verdosa pareja. Si por el camino encontrábamos una bicicleta “tirada”, algún vehículo teledirigido “abandonado”, o algún que otro cacharro perdido, nos precipitábamos sobre ellos, dando gracias al cielo, por la suerte que habíamos tenido encontrando tan difíciles objetos, y los llevábamos a nuestras casas, guardando siempre las precauciones oportunas para que no los viesen nuestros padres y quisieran explicacionescomprometidas. No es que tuviésemos remordimiento por nuestro comportamiento. Nosotros –en nuestra fabulación cómplice- nunca creímos cometer un acto reprobable, porque lo único que hacíamos era recoger de la calle los trastos que los niños americanos “no querían”.
Luego estaba el conflicto que manteníamos con los yanquis mayores, hermanos de los que ayer sufrieron nuestro refriega. Esta batalla se dilucidaba entre la “zona fronteriza” (una gran extensión de terreno plantado de limoneros) que separaba la parte española de la americana. Siempre ocurría de la misma manera; cuando más enfrascados estábamos en la captura de la brillante culebra, o del ocelado lagarto, o de las escurridizas lagartijas, allá que aparecían ellos, a tomarse venganza en nombre de sus "escacharrados" hermanitos. Ágiles –como años después descubriría en WestSideStory- se llevaban las manos a los bolsillos de sus chaquetas y sacaban sus navajas automáticas, que la verdad sea dicha, impresionaban, pero nada más que eso, porque sus armas no suponían nada al lado de las nuestras, el bueno de “Magulla”, -algo mayor que nosotros- y su pastor alemán, “Capitán”, el cual atrapaba la culebra por la cola y, como si de un látigo se tratara, se lanzaba contra ellos, acompañado de su fiel perro, y se bastaba él sólo contra todo el grupo, a golpes de culebrazos. Los yanquitos, individuos de hermosa presencia y saludables intenciones, no resistían la embestida de aquel harapiento embravecido y, olvidando en su huida algunas de las navajas que esgrimían, salían corriendo para su protegido recinto todo lo rápido que sus piernas les permitían.
Así, una y otra vez. Unas veces la invasión a sus dominios; otras, el intento de desquite por parte de ellos y la pretendida " confiscación" de nuestros tesoros faunísticos. Algunos, incluso, hasta se hicieron buenos amigos nuestros, y a los que les debíamos nuestras reservas de chicle americano, las tabletas de chocolate con almendras y la enseñanza de algunas palabrotas en inglés. Luego, nosotros, en contraprestación, debíamos de soportar sus perfectas patadas en las espinillas cuando jugábamos al fútbol, pero éramos españoles y agradecidos, y lo aceptábamos. Ya desde chiquillos entendimos lo que más tarde conoceríamos como las relaciones diplomáticas cordiales entre dos pueblos. Y les dejamos que disfrutaran de nuestras hermanas, y que llenaran el barrio de mulatos. Todo lo hacíamos por el “ententecordiale”, eso sí, que no tocaran nuestras culebras ni nuestros lagartos.