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Más de 300 mil menores de edad son reclutados para participar de conflictos
armados. Despojados de su infancia son obligados a convivir a diario con la
muerte.
Si por un momento cada persona cerrara los ojos y se pusiera a pensar un mundo
perfecto, seguramente nadie imaginaria un niño sosteniendo un arma de fuego, y
dispuesto a matar. Pero hoy en día, es casi inevitable que los menores acaben
participando como soldados en los conflictos armados. En África y Asia el
problema es más crítico, pero los niños son usados por ejércitos regulares y
grupos armados en países de América, Europa y Medio Oriente. El Fondo de las
Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) calcula que casi 300.000 niños menores
de 18 años son explotados en conflictos armados en todo el mundo. Si bien se
estima que entre 2004 y 2007 el número de países, en que mayor participación
infantil se observa, disminuyo de 27 a 17, la cifra sigue siendo alarmante.
Aunque existe un consenso mundial que regula la protección de los niños (la
Declaración Universal de los Derechos del Niño) y prohíbe, entre otras cosas,
que éstos sean utilizados como soldados, en la actualidad hay países que siguen
reclutando menores para engrosar las filas armadas. La Coalición para Acabar
con la Utilización de Niños y Niñas soldados, formada por organizaciones de
derechos humanos, presentó en Madrid el informe “Niños y niñas soldados. Informe
Global 2008”. Este documento cubre el periodo 2004-2007, y en él se hace un
análisis de la situación que se vive en 197 países con respecto al reclutamiento
de menores de edad. En este informe elaborado cada cuatro años, se muestra
que el descenso es a causa de la finalización de muchos conflictos armados; y no
por iniciativas políticas que fijen medidas para que los niños dejen de ser
reclutados y utilizados como soldados. Tras concluir prolongados conflictos
en Liberia, Sierra Leona y el sur de Sudán, muchos niños y niñas han sido
desmovilizados de los ejércitos y grupos armados. Sin embargo, miles siguen
expuestos a la muerte, a sufrir traumas psicológicos y lesiones físicas. A
nivel mundial, el caso de Colombia es preocupante ya que existen 14.000 niños
reclutados. Es el tercer país con mayor índice de pequeños soldados, y es el
caso más preocupante de América Latina. De los menores de edad que se
encuentran en esta situación, alrededor de 11.000 están en las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC), y el resto en el Ejército de Liberación
Nacional (ELN) y grupos paramilitares. Uno de cada tres estados miembros de
la Organización de las Naciones Unidas (ONU), firmaron el Protocolo Facultativo
de la Convención sobre los Derechos del Niño, relativo a la participación de
niños en conflictos armados, que entró en vigencia en 2002. De acuerdo a lo
señalado, se prohíbe reclutar menores de 18 años a las fuerzas armadas y se
establece que los Estados Parte velen para que eso se cumpla. La Convención
sobre los Derechos del Niño, en su artículo 38, fija en 15 años la edad mínima
de reclutamiento voluntario. Aunque exista una Convención, un Protocolo y demás
tratados internacionales firmados, que establecen la edad mínima, el promedio de
los pequeños combatientes colombianos alcanza los 13,8 años, aunque algunos tan
solo tienen 7 años. Otro dato preocupante, es que muchos son secuestrados de
comunidades campesinas e indígenas y obligados a realizar un reclutamiento
forzado, cuando en realidad se debiera garantizar la seguridad y protección de
los menores. Una situación similar se vive en Uganda, donde se estima que
unos 8.000 niños y niñas han sido secuestrados por el Ejército de Resistencia
del Señor, y están siendo utilizados como esclavos sexuales, informantes, e
incluso se los emplea para colocar o retirar minas terrestres. Según datos
de UNICEF y otras instituciones internacionales encargadas de la problemática
infantil, se calcula que los menores armados rondan los 300 mil, pero en
realidad el número es mayor, puesto que a la hora de establecer quiénes se
consideran “niños soldados”, se ignora a aquellos que combaten en países en los
que no hay una guerra declarada. Los Principios de Ciudad del Cabo firmados
en 1997, establecen que hablar de niño soldado no se refiere sólo al que lleva o
ha llevado armas, sino que "es cualquier persona de menos de 18 años que forme
parte de una regular o irregular fuerza armada o grupo armado en cualquier
tarea". En los países más pobres, donde la miseria se hace evidente culpa de
la guerra, y los niveles de indigencia son muy elevados, los menores de edad
deciden ingresar a las filas armadas para mejorar su situación y garantizarse
por lo menos el alimento diario. Los niños ante la desintegración de sus
familias -que han muerto en estos conflictos- ven en los grupos armados la
solución más próxima para prosperar. Incluso creen que el reclutamiento
voluntario es la forma más eficaz de estar “seguros” y de vengar la violencia
que han padecido tanto ellos como su familia. Las guerras son hechos
inaceptables, y no se desencadenan porque si. Todo conflicto tiene su origen y
por lo general es económico, aunque muchas veces esta causa este encubierta.
En 1998 se inició lo que se conoce como la “Guerra Mundial Africana”. Pese a
la paz oficial que se alcanzó en el 2003 la lucha persiste, sobre todo en la
zona del este, costeada por la extracción ilegal de minerales. Esta guerra
dentro de África tiene fuertes vinculaciones con la industria de los países más
ricos. La Republica Democrática del Congo, es una zona rica en recursos
naturales. Posee oro, diamantes así como también petróleo y madera. Además, es
una región fértil de coltán, recurso que escasea en el mundo y que es muy
importante ya que, uno de sus componentes, el tantalio, es utilizado para la
producción de teléfonos celulares, satélites, reactores nucleares y misiles.
A su vez, este país tiene un lugar estratégico dentro del continente, ya que
tiene frontera con otros 9 países. Es decir, tener el control sobre la República
Democrática del Congo implica tenerlo también sobre el África subsahariana.
El hecho de que Estados Unidos busque apropiarse de las reservas del
planeta, no es una novedad. El ayudante del secretario de estado para asuntos de
África, Walter Kansteiner, en el 2002 declaró: "El petróleo de África se ha
convertido para nosotros en una estrategia nacional atrayente”. Un análisis
del Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, titulado “Tendencias
Globales para 2015”, prevé que para ese año la cuarta parte de las importaciones
de petróleo de los Estados Unidos provendría de África. Es por estas
reservas naturales, que se hace cada vez más evidente la presencia de Estados
Unidos en el continente más pobre. Una declaración hecha en el 2001, por el
vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, en un informe sobre Política
Nacional de Energía en Estados Unidos, afirmaba que África iba a ser "una de las
fuentes de petróleo y gas para Estados Unidos de crecimiento más rápido". Los
intereses de Washington se mueven para obtener el control total de las riquezas.
Se instalan transnacionales estadounidenses en el Golfo de Nueva Guinea, no por
razones humanitarias, sino por la inmensa reserva de hidrocarburos y gas.
Muchas multinacionales instaladas en el continente africano han pagado para
poder operar en la zona. Dinero que se utiliza para financiar la compra de
armas, el 95 por ciento de las armas proviene del exterior. Es decir que la
presencia de industrias, provenientes de los países más ricos, contribuye a que
los conflictos armados persistan. Hay que tener presente que la venta de
armas es el negocio que más dinero maneja y Estados Unidos es el principal
proveedor. Se estima que estas guerras producen intercambios mercantiles que
superan los 12.000 millones de dólares anuales. En estas zonas donde se desatan
conflictos fuertemente vinculados con la explotación de recursos naturales, la
vida parece valer mucho menos que los intereses que se ponen en juego. Tras
tantos años de conflicto, el número de soldados “legales” ha ido disminuyendo,
razón por la cual es muy común encontrar niños alistados como soldados de los
ejércitos. Esta problemática que afecta a miles de niños no es un hecho nuevo,
es un problema que se remite a la Primera Guerra Mundial, cuando era común la
utilización de niños en conflictos bélicos. La situación mundial sigue
siendo vergonzosa y aunque han pasado más de 80 años de aquella guerra, las
políticas internacionales de defensa a la infancia siguen siendo prácticamente
nulas, porque se siguen utilizando ilegítimamente niños para conflictos armados.
Para la directora de la Coalición, la doctora Victoria Forbes Adam, “…
muchos grupos (armados) conceden poco valor a las normas internacionales, y
contar con una fuerza de combate es para ellos una necesidad mucho más imperiosa
que cualquier otra consideración”. Estos niños que son reclutados para
manipular armas de fuego y combatir en primera línea, dentro de sus países son
considerados menores de edad. Sin embargo, se los considera aptos para ir a la
guerra, y dentro de las filas se los provee de drogas, convirtiéndolos en
soldados dispuestos a violar, secuestrar y matar. Según la Coalición, la
reinserción de los menores es muy complicada, porque los programas llevados a
cabo no los protegen lo suficiente y porque la brutalidad que han padecido, y
los traumas psicológicos generados por las guerras son muy difíciles de borrar.
En el caso de las niñas, esta situación es mucho más angustiante porque la
mayoría son violadas y esas agresiones sexuales pueden producirles daños físicos
graves y el contagio de enfermedades de transmisión sexual. De acuerdo a una
investigación llevada a cabo en Uganda, la mayoría de los niños que fueron
soldados asumen un papel más activo en la sociedad, que aquellos que no fueron
obligados a alistarse a las filas armadas. Pero eso, para nada puede ser una
justificación, ya que los niños no deberían ser soldados, ni estar obligados a
realizar atrocidades y a poner en riesgo su vida. La guerra una vez más se
ensaña con los más chicos. Vivir y desarrollarse dentro de un campo de batalla,
tiene consecuencias muy fuertes, ya que la violencia se convierte en su estilo
de vida y se ven obligados a dejar su infancia a un lado, para convertirse -por
obligación- en pequeños adultos. La ONU no está llevando a cabo una correcta
legislación internacional. Las políticas de desarme, desmovilización,
rehabilitación y reintegración no son suficientes. Unos 14.000 ex niños soldados
han quedado excluidos del proyecto, y al no conseguir trabajo y por lo tanto
tener una condición económica precaria, muchos han vuelto a alistarse a los
grupos armados. Según UNICEF más de dos millones de niños, niñas y
adolescentes han muerto en el mundo a causa de la guerra desde 1990, mientras
que seis millones más resultaron heridos o quedaron discapacitados y otros
veintidós millones perdieron sus hogares. Estas cifras demuestran que hay que
alejar a los niños del campo de batalla, ellos no tienen que ser victimas, ni
verdugos.
*APM |