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''Las mujeres que practican un deporte tienen más confianza, son más fuertes
físicamente, son más sanas y van a tener más disposición a dejar a un hombre que
comete abuso contra ellas''. Quien lo dice es Anson Dorrance, reconocido por
haber llevado al triunfo al Equipo Nacional de Fútbol Femenino de los Estados
Unidos durante el primer mundial de fútbol femenino de la Federación
Internacional de Fútbol (FIFA) desarrollado en 1991. En su paso por Argentina,
donde dictó clínicas a DTs en fútbol femenino y a futbolistas mujeres,
dialogamos con él.

Luego de haber llevado al triunfo al Equipo Nacional de Fútbol Femenino de los
Estados Unidos durante el primer mundial de fútbol femenino de la Federación
Internacional de Fútbol (FIFA) en 1991, Anson Dorrance sigue entrenando y viaja
por el mundo dando conferencias sobre lo bueno que es fútbol para las mujeres,
incluso para ayudarlas a no caer en manos de redes de tratantes con fines de
explotación sexual. La primera semana de junio estuvo en Argentina,
convocado por la Embajada de los Estados Unidos, para formar a DTs en fútbol
femenino y también para dictar algunas clínicas a futbolistas mujeres de aquí.
En la primera jornada en la ciudad de Buenos Aires, organizó una sesión de
entrenamiento con jugadoras adolescentes de Vicente López, que trabajan junto a
Mónica Santino en el ''Programa de prevención y asistencia en salud para mujeres
jóvenes mediante el fútbol femenino''; futbolistas de la villa 31 de Retiro, que
trabajan con la ONG Democracia Participativa en el Programa Soccer for succes; y
de la Escuela de Iniciación Deportiva en fútbol Femenino San Telmo. Pasó también
por Santa Fe y Salta, con programas similares. Antes venía de Moldavia,
un país situado entre Rumania y Ucrania, donde formó mujeres en el deporte como
medio para combatir la trata de personas. ''la trata es el problema mas
importante allí. Les ofrecen trabajos en publicidades, las tientan con viajes a
Berlín, les ofrecen trabajos para cuidar chicos o como camareras y después
resulta que no es así. Intenté desarrollar la confianza en las mujeres a través
del deporte para tratar de sacarlas de las redes de tratantes''. Dorrance se
crió en Carolina del Norte. Hijo de padre petrolero, intentó cumplir con el
mandato paterno de ser el abogado de la empresa y empezó a estudiar leyes.
Mientras, practicaba fútbol en la Universidad de Carolina del Norte y cuando su
entrenador se retiró lo recomendó como sucesor. Así empezó a entrenar varones,
hasta que le ofrecieron dedicarse a las mujeres también y aceptó. Ese día volvió
a su casa a plantearle a su mujer, M’Liss Gary, que no podría con todo. ''Y fue
ella quien tomó una gran decisión, me dijo que dejara la universidad. No iba a
ser rico pero iba a ser feliz'', cuenta sonriente. Durante 10 años entrenó a
ambos equipos, hasta que en 1989 decidió dirigir sólo a las mujeres. - ¿Por
qué? - Porque era una oportunidad. En 1986 me nombraron DT de la selección
nacional, algo que nunca hubiera ocurrido si entrenaba varones. Y quería
enfrentar el desafío del fútbol femenino a nivel mundial porque el fútbol no es
parte de la cultura estadounidense, pero yo me crié en distintas partes del
mundo y sabía cuánto respeto siente la gente por el fútbol. - ¿Cómo aprendió
a entrenar mujeres? - Fue muy difícil al principio, cometí muchos errores.
Cuando iba a la universidad, la literatura feminista me decía que hombres y
mujeres eran iguales, entonces, mi primer planteo fue entrenar a las mujeres del
mismo modo que a los hombres. Fue un desastre. - ¿Cuáles son las
especificidades de entrenar a mujeres? - La principal diferencia entre
hombres y mujeres es que no se puede dirigir a las mujeres tratando de
conducirlas con la intensidad de la personalidad de uno, los hombres que dirigen
son agresivos y tienen potencia física y oral y dirigen de modo de probar a los
hombres que son más que ellos. Esto no funciona con las mujeres. Una mujer no te
va a seguir simplemente porque la domines, sólo si le importas. Se dirige a
través de lo humano. Además, una de las cosas más difíciles cuando se entrena
a atletas de elite es que compitan agresivamente contra sus colegas. Un hombre
no tiene ese problema, aunque sea el hermano le va a querer ganar a muerte.
- ¿Por qué es tan difícil para una mujer? - No entiendo por qué una
mujer no puede separar la competencia de la amistad. Entonces, una de las cosas
más difíciles de desarrollar es esto durante las prácticas. Esto hicimos
ayer (en la práctica en Buenos Aires). Solo les regalamos camisetas a las que
ganaban para decirles que está bien competir, ser la mejor, ganar, así se
construye la confianza que las prepara mejor para el mundo real. Porque en el
mundo real en general hay que competir y ganarle a otro y esto construye una
autoconfianza que los hombres aparentemente desarrollamos naturalmente. -
¿Creés que es por naturaleza? - Las feministas quisieran que dijera que las
mujeres y los hombres somos iguales y que fuimos criados de forma diferente.
Pero mi experiencia me dice que las mujeres y los hombres son diferentes. -
Pero lo que el feminismo plantea es que si bien son diferentes, las diferencias
no pueden trasladarse en el acceso a los derechos, a las oportunidades… -
Cuando era joven, venía de las prácticas y hablaba con mi esposa de los
problemas que tenía con las mujeres y ella me dio un libro de Carol Gilligan,
una feminista con otra perspectiva. Lo leí y quedé maravillado. Explicó que
hombres y mujeres piensan diferente. Gilligan estaba enojada con cómo se juzgaba
a las mujeres según pautas masculinas, con la teoría de desarrollo moral de
Lawrence Kohlberg, quien había dicho que las mujeres murieron en el segundo
nivel de desarrollo moral y los hombres llegaron al sexto. Gilligan se
transformó en una heroína para mí. Empecé a decir que las mujeres piensan,
actúan, se conectan en forma diferente. Pero 20 años más tarde, leí un
artículo de Gilligan negando las diferencias. El problema era que ella negaba
esto por el temor feminista a que se piense que por ser diferentes no podrían
acceder a la igualdad. Fue una desilusión para mí. No creo que le hagamos un
favor a las mujeres cambiando la verdad para adaptarla a una agenda determinada.
Lo cierto es que cuando empecé a aplicar el libro, empecé a tener éxito. Al
principio pensaba que tenía que tener distancia con las mujeres, las llamaba por
el apellido, les gritaba. Después me di cuenta que ellas odiaban esta distancia,
querían que me relacionara con ellas... - El fútbol femenino está muy
desarrollado en EEUU ¿esto se debió al triunfo en el campeonato mundial de
1991? - El cambio más importante no fue el mundial, fue el Title Nine, un
mandato del gobierno que decía que cualquier institución que recibía fondos
tenía que dar tratamiento igualitario a mujeres y varones. Esto produjo una
explosión en todos los deportes. Se empezó a implementar a mediados de los 80’s.
Y el evento futbolístico más importante fue la copa del mundo de 1999. Cuando
una jugadora se sacó la camiseta al meter el quinto penal. Te imaginas que
interesante fue para todos los hombres –ironiza. - ¿Y como está el fútbol
femenino hoy, es más importante que el masculino? - Está muy bien, es muy
popular y de alto nivel. Pero no es más importante que el masculino aunque todo
el mundo crea que sí. Es muy gracioso porque se cree que las mujeres pueden
ganarle a los hombres pero no es así. El nivel comparativamente es de un sub14 o
sub15 (chicos de 14 y 15 años). Esto va a ser siempre así porque los hombres son
más fuertes físicamente.
- ¿Qué recomendaciones podes dar para incentivar
el fútbol femenino en Argentina? Ya que se dice que como no va gente a ver los
partidos, no venden y no se puede sostener el negocio… - Por ahora el fútbol
femenino tiene que vivir bajo el ala del masculino. ¿Cómo incentivarlo? Mediante
hombres poderosos que tengan hijas y que quieran darles las mismas oportunidades
que se les da a los varones para practicar este deporte. Al principio
siempre va a haber diferencias en el público que mira fútbol femenino y
masculino pero el apoyo del padre con poder y al que le importe el desarrollo de
su hija puede cambiar la cultura. Lo interesante en EEUU, en 1991, fue que la
copa de mujeres vendía entradas para 60 mil o 90 mil personas por cada partido y
el plan de comercialización era tratar de convencer a los padres de llevar a sus
hijas a ver los partidos como modo de relacionarse con ellas. Además están
las pruebas fehacientes de que las mujeres que practican un deporte tienen más
confianza, son más fuertes físicamente, son más sanas y van a tener más
disposición a dejar a un hombre que comete abuso contra ellas. Es más difícil
someter a una mujer que practica deportes porque tiene otra presencia
física. - Pero en el mundo del deporte también hay abusos de entrenadores
hacia las deportistas… - Esto tiene que ver con la naturaleza humana y
obviamente toda la atención que se pueda tener es buena. - ¿Qué debería hacer
el Estado para promover el fútbol femenino? - Obviamente leyes como el Title
Nine. Pero en Inglaterra lo hacen distinto. La Prime League, la liga mas rica a
nivel mundial, le dice a cada equipo que si quieren competir tienen que tener un
equipo de mujeres. Entonces, si River, Boca, todos tienen fútbol femenino, se va
a desarrollar. Es muy bajo el costo. Los clubes tienen que hacerles frente a
esto. Así el juego va empezar a entrar en auge… - Es que los equipos grandes
acá tienen equipos de fútbol femenino pero les dan las canchas en peores
condiciones, en días y horarios complicados, la ropa no está pensada para
mujeres, etc. - Siempre es así al principio. Allá fue igual. Pero yo predigo
que va a haber un gran hombre, un Maradona, un Messi, que va a tener una hija y
va a decidir que su hija tenga la misma alegría que el fútbol de dio a él. Y
como es rico va a crear el club para su hija y lo va a pagar. Va a parecer como
un iluminado. Y en 20 años, cuando Argentina esté ganando torneos mundiales de
fútbol femenino van a estar orgullosos. Si este país acepta que una mujer sea
presidenta cómo no va a aceptar tener un buen equipo de fútbol
femenino.
Artemisa Noticias |