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Amnistía Internacional ha condenado el homicidio de dos defensores de los
derechos humanos y activistas comunitarios locales. A lo largo del año pasado,
la organización expresó su preocupación por el aparente aumento de los
homicidios y amenazas contra defensores de los derechos humanos, líderes
comunitarios y sindicalistas, abusos cometidos en la mayoría de los casos, según
informes, por paramilitares.
El 29 de junio, un desconocido mató a tiros a Martha Cecilia Obando en el barrio
de San Francisco de la ciudad portuaria de Buenaventura, departamento de Valle
del Cauca. Al parecer, disparó tres veces contra ella, cuando la mujer caminaba
por la calle. Martha Cecilia Obando era presidenta de la Asociación de Mujeres
Desplazadas del Barrio San Francisco (ASODESFRAN). Previamente se habían
producido ya una serie de homicidios y amenazas contra líderes de comunidades
del Valle del Cauca desplazadas.
El 24 de junio, un grupo de hombres
armados, que, según testigos, eran paramilitares, entraron en la comunidad
afrodescendiente de Candelilla de la Mar, en el municipio de Tumaco,
departamento de Nariño, y secuestraron a Felipe Landazury, líder comunitario y
miembro del Consejo Comunitario del Bajo Mira y Frontera.
Se supone que
los grupos paramilitares se han disuelto en virtud de un proceso de
desmovilización iniciado bajo los auspicios del gobierno en 2003. Sin embargo,
aunque éste ha afirmado reiteradamente que no hay ya paramilitares activos en
Colombia, es evidente que continúan desarrollando actividades, a menudo con el
apoyo y la aquiescencia de las fuerzas de seguridad, y amenazando y matando a
defensores de los derechos humanos y otros activistas, a los que tachan
reiteradamente de simpatizantes o colaboradores de la guerrilla.
Amnistía Internacional pide a las autoridades colombianas que inicien de
inmediato una investigación exhaustiva e imparcial sobre los homicidios de
Martha Cecilia Obando y Felipe Landazury, así como sobre todas las demás
amenazas y homicidios de defensores de los derechos humanos y otros activistas.
El gobierno debe también condenar públicamente estos homicidios y
amenazas, reafirmar la legitimidad del trabajo en favor de los derechos humanos
en Colombia y tomar medidas efectivas y que hace mucho tiempo que deberían
haberse adoptado para disolver de una vez por todas los grupos paramilitares y
poner a disposición de la justicia a los responsables de abusos contra los
derechos humanos, sean miembros de grupos paramilitares, de la guerrilla o de
las fuerzas de seguridad.
De acuerdo con la Declaración de la ONU sobre
los Defensores de los Derechos Humanos, los Estados, incluida Colombia, tienen
el deber de respetar a los defensores de los derechos humanos y su trabajo y
tomar todas las medidas necesarias para garantizar su protección. Con tal fin
deben adoptar no sólo medidas prácticas de protección, sino también medidas
globales para impedir los abusos y abordar sus causas fundamentales. |