PORTADA arrow Hernún arrow MÁS ARTÍCULOS arrow El Poder



elmercuriodigital.es
       PORTADA    MUNDO    SOCIEDAD    CIENCIA-SALUD    CULTURA    ECOLOGÍA    REVISTA    OPINIÓN    BLOGS    BÚSQUEDAS    ÚLTIMA     



El Poder PDF Imprimir Correo
Escrito por Hernún   
24-10-2008

La guerra es la guerra y el poder es el Poder. Para separar la paja del trigo y hacernos una idea de lo político que pueda abrir alguna novedad es necesario, en mi opinión, poner sobre la mesa el asunto del Poder. Hay demasiadas ambigüedades que arrastran una confusión que en ocasiones se vuelve peligrosa.

Cuando se dice “el Poder corrompe” no se nombra el mismo poder que cuando se dice “el amor todo lo puede”. La primera diferencia se nota en la gramática: en el primer caso hay un nombre, en el segundo un verbo. La gramática castellana nos permite formar sustantivos con los infinitivos y lo mismo ocurre en muchas otras lenguas. Es interesante pensar cuáles son los sentidos que se construyen en esa sustantivación. Después de todo transformar una acción en un objeto es como tomar una fotografía, es decir, quitar la acción del flujo temporal y detenerla. Este mecanismo es una forma de abstracción que toma una idea y la quita del tiempo, es decir, la eterniza. Es, en otras palabras, reducir un fenómeno a la expresión intemporal para construir un sentido absoluto, válido en cualquier situación, en todo contexto.

 

De ese modo hay dos sentidos para la palabra poder: 1- la capacidad de acción (verbo) y 2- una abstracción universal de esa capacidad (sustantivo). En el primer caso el sentido real y efectivo depende de la conjugación, es decir, de la puesta en situación de esa capacidad. En el segundo caso no hay conjugación sino la referencia a una capacidad específica que trasciende los contextos. Por eso, cuando decimos algo acerca de tener Poder, solemos referirnos, espontáneamente, a situaciones en las que el que tiene Poder goza de cierto privilegio respecto de quien no lo tiene, es decir, goza del privilegio de dominar el campo sobre el cual es poderoso. Por eso es útil marcar la diferencia entre poder-potencia y Poder-dominio.

 

Avanzando un poco más podríamos pensar el dominio, en analogía con las matemáticas, como el conjunto sobre el cual se verifica una función. En otras palabras, el dominio es aquello que sirve de objeto para la efectivización del Poder. Por ejemplo, podemos decir que «el dominio del Rey es el conjunto del reino». Eso es lo que el Rey domina. Luego, podemos pensar la potencia en relación a una capacidad que siempre depende del contexto en la medida en que siempre está por verificarse. Por ejemplo, la energía potencial, en la física, nos dice algo de acerca de lo que puede ocurrir si las condiciones son las adecuadas, pero que aún no ocurre.

 

Paso en limpio el párrafo anterior: el Poder-sustantivo se dice sobre algo (dominio), mientras que el poder-verbo se dice de la posibilidad de que algo ocurra (potencia). Sobre esta distinción se han dicho muchas cosas. Lo que quisiera hacer en este texto es, básicamente, dos preguntas: 1- ¿Por qué usar una misma palabra para dos sentidos que pueden ser expresados más claramente con otras dos palabras? Y 2- ¿Cuál es el riesgo de usar una sola?

 

Metiéndome más claramente en lo político, pienso inmediatamente en una expresión demasiado recurrente: el Poder Popular. ¿Qué significa esto del Poder Popular? Para algunos significa la potencia que el pueblo logre construir para cambiar las condiciones sociales o políticas vigentes. Para otros significa acumular (el pueblo) la fuerza suficiente como para ejercer un dominio. Pero, ¿qué es el pueblo sino aquello que, por definición, está del lado de «abajo» del Poder? ¿No es acaso el pueblo, pensando políticamente, el dominio del Poder? Si es así, ¿cómo podría el pueblo ejercer algún Poder sin crear otro dominio sobre el cual ese Poder Popular se verifique, es decir, otro pueblo? ¿No se trataría, en ese caso, de la vieja idea de dar vuelta la tortilla? Claro que los militantes del Poder Popular gritarían pronto, muy probablemente, que no, que el Poder Popular es precisamente lo contrario, es decir, la acumulación de fuerzas para destruir las actuales condiciones políticas y sociales a la luz de la justicia y la igualdad. Pero, si de igualdad se trata, ¿no sería más adecuado hablar de potencia colectiva en vez de Poder Popular? La insistencia sobre el uso de esa expresión indica una única cosa: la imposibilidad o la falta de intención de pensar una situación social o política que no esté atravesada por el dominio de unos sobre otros.

 

El punto en cuestión es si es pensable una política de emancipación que insista en la idea del dominio. ¿No es acaso esa idea, que yo nombro Poder, la clave de la repetición de lo que hay? Si algo ha caracterizado la dinámica colectiva de la toma de decisiones hasta ahora, y desde que tenemos noticias de algo como sociedad, es, precisamente, la existencia del Poder. En otras palabras las decisiones siempre han estado circunscriptas en una parte de la sociedad, aún cuando esas decisiones afecten a otras partes e, incluso, a la sociedad por entero. Por otra parte, si algo significa emanciparse es salirse del dominio.

 

La principal apuesta que actualmente una política de emancipación debe sostener es la interrupción de la continuidad de las formas decisionales inmersas en las lógicas del Poder.

 

Vuelvo sobre la idea de que lo político es autónomo de otras experiencias humanas, como por ejemplo lo económico. La emancipación del trabajo, idea absolutamente vigente y necesaria, es una idea económica que solamente podrá realizarse de forma efectiva y legítima si es acompañada por la idea política del simpoder. La emancipación de la mujer en el seno doméstico y familiar, idea absolutamente vigente y necesaria, es una idea social que solamente podrá realizarse de forma efectiva y legítima si es acompañada por la idea política del simpoder. Y así hasta el hartazgo. Esto significa que una idea política es universal y está a disposición de cualquiera. No es necesario ser trabajador o ser mujer para poder tomar la idea de simpoder y verificarla en su propia circunstancia. Lo que es necesario es que haya alguna clase de ruptura con la estructura vigente y una acción que sea consecuente con la verificación de un principio como es, en este caso, la igualdad.

 

Una vez más la igualdad no es un principio político, sino que el simpoder es una idea política consecuente con él. Aquí la autonomía de la política no nos obliga a la escansión obsesiva de la experiencia vital. No es importante de dónde haya nacido el principio de igualdad, sino que nos importa que la forma política de apostar por él y de verificarlo, políticamente, es el simpoder.

 

El hecho de que el tema de esta columna esté enmarcado en la política y el pensamiento no significa que este territorio sea más importante que otros. Lo que sí es importante, en mi opinión, es aventurarnos a pensar lo político en sí mismo para mejorar las herramientas que usemos para transformar nuestro mundo.

 

Recapitulo: la diferencia entre los dos sentidos de la palabra poder puede expresarse en las palabras potencia y dominio o, más a mi gusto, potencia y sometimiento. La emancipación consiste en salirse del dominio, esto es, sublevarse ante el sometimiento sin reproducirlo. La distinción entre los dos sentidos de la palabra poder se vuelve entonces indispensable a la hora de aclarar las ideas que se dispongan para la emancipación política, y es por eso que, para evitar confusiones o dobles sentidos, usaré la palabra Poder con el único sentido de sometimiento, y, para la idea de capacidad de acción, usaré la palabra potencia. La expresión Poder Popular, en este sentido, queda encerrada en una contradicción indeseable y a mi juicio peligrosa, y por lo tanto es preciso abandonarla definitivamente. Una idea política debe ser universal, esto es, dispuesta a cualquiera sin importar las particularidades de la situación social.

 

De aquí seguramente se sigan un montón de controversias filosóficas y políticas, y siguen pendientes muchas precisiones sobre ideas importantes, como las que se nombran, por ejemplo, con la palabra pueblo. Hay más días que longaniza o, para decirlo con otra poesía, con el andar se hará camino.


Bookmark and Share

BLOGS
Periodismo sanador, por Lucía Sepúlveda Ruiz
Un alma navegante, por Mónica Pedraza
En algún lugar, por Laura M López Murillo
Discreto encanto, por Patricia Suárez
Lápices para la paz, por Alicia M
Escolar.net, por Ignacio Escolar
Papel en blanco
James Petras
Mujeres de fuego
El Arca de Pitusa
Bambú Press, por Roberto Bardini
Diario del Aire, por Félix Población
El patio de mi casa, por Judith Belmonte
Maltrato Animal: Un Crimen Legal, por Julio Ortega
Notas de humor, por Javier Ortiz
Piedra del sol, por Alejandra Pinto
La vida de los animales, por Nuria Querol
Bosque de palabras, por Julio Carmona
El blog de Antonio Criado
Gritos de la Tierra "Dungun Ke Mapu", por Mauricio Muñoz Díaz
Islamia, por Norelys Morales
Der Políngano.com
ENLAZA TU BLOG
COLUMNISTAS
ESPACIOS DE OPINIÓN
MÁS OPINÓN
Jorge Majfud
Pascual Serrano
Antonio Hermosa
Amy Goodman
Fabiola Leyton
Silvia Ribeiro
José Saramago
Eduardo Galeano
Cristian Frers
Jorge Zavaleta
Franco Gamboa
Livia Díaz
Alejandra Pinto
Luis Buero
Leonora Esquivel
Teodoro Rentería
Herbert Mujica
Ricardo Luis Mascheroni
Esther Vivas
Miguel Ángel Sánchez de Armas
EDITORIAL
OTROS AUTORES


Estadisticas y contadores web gratis
  El Mercurio Digital, Spain MercurioPress Editor Ángel Rojas Penalva Desde 2002 en Internet
Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Powered by CMS PROFESSIONAL. Design by Crystal7 Templates. Released under the GNU/GPL license.
Directorio de Empresas de Periódicos digitales
Directorio de Empresas y Profesionales de España
HTML Counter
Beautiful People
El tiempo es 0.099535942077637