Los músicos y periodistas Dario Fischerman y Abel Gilbert preparan un volumen sobre el artista argentino
“Algunos de los mitos que existen sobre Astor se van a derrumbar”, aclaran casi a coro, Dario Fischerman y Abel Gilbert, periodistas, músicos, amigos y apasionados de Piazzolla, quienes al cumplirse 15 años de la muerte del autor de Adiós Nonino, se encuentran abocados en terminar un nuevo libro sobre el músico argentino más famoso en el mundo, concebido en las antípodas de casi todos los previos que se realizaron sobre el bandoneonista, informa el diario mexicano EL UNIVERSAL.
“Abel y yo sentimos un particular placer por ir a ver qué hay del otro
lado. Y con Piazzolla nos pasa eso, los mitos desde el punto de vista
antropológico dicen muchas cosas, hablan de una sociedad. Tal vez por
exceso de endogamia de quienes escribieron los trabajos anteriores
sobre Piazzolla, lo idelizaron o no se atrevieron a cruzar ese límite
pare ver qué había del otro lado. Nosotros sí”, aclara Fischerman quien
ya escribió un libro sobre Astor entre otras obras sobre música popular
como Efecto Beethoven.
En este ensayo que llevará por título El mal entendido, los autores
buscan establecer “la relación de Piazzolla con su tiempo. Porque él
era un músico universal que hacía tango. Su paleta era el mundo”,
aclara Gilbert.
En una charla con EL UNIVERSAL, Fischerman y Gilbert adelantan algunos
de los hallazgos de un libro que busca colocar a Piazzolla en el lugar
de los mortales.
Entre esos mitos que los piazzolianos suelen repetir se escucha el que
“era antiperonista” compulsivo, como se mostró al final de sus días.
Pero pocos saben que “en 1948, cuando ya había abandonado la orquesta
de Aníbal Trolillo y se queda sin su primera formación propia, trabaja
para el peronismo y gana un concurso de composición armado por el
propio gobierno”, recuerda Fischerman, uno de los críticos musicales
más respetado de Argentina, quien compiló una colección de 13 discos
históricos de Piazzolla para el sello Sony Music.
Su amigo y socio en esta empresa, agrega que de esa época surge otro
mito: “El no reconocimiento a Piazzolla, que seguramente pasaba por
cómo él quería ser reconocido. El busca asemejarse a una especie de pop
star de la época, por lo que veía en el extranjero, porque acá los
músicos estaban lejos de ganar y vivir bien, pero él ya lo lograba”.
Fischerman y Gilbert bucean en la niñez misma de Astor, que transcurre
mucho tiempo en Nueva York. “El se forma allá en una etapa fundamental
para la cultura (años 20 y 30) y después regresa a su Mar del Plata
natal para desembarcar en unos años en Buenos Aires. Es un músico que
no se engancha con la retórica del tango, con la nostalgia y todas esas
cosas. Es esencialmente un neoyorkino asimilado en Buenos Aires”,
resume Gilbert.
Otro mito de la historia del creador de Libertango, indica que había
ganado una beca para estudiar con la maestra francesa Nadia Boulanger.
“Pero descubrimos que no ganó beca alguna y que sólo estuvo un mes
estudiando en París”.
Para Gilbert, “Piazzolla conocía los rudimentos de la armonía y el
contrapunto. Tenía un aprendizaje técnico pero decir que tenía
formación clásica es una exageración” y otro mito.
No obstante, aclaran que están trabajando sobre la vida y obra de “un
genio”, un músico que a pesar de que lo interpreten músicos clásicos
como Gidon Kremer, “es muy difícil de hacerlo igual que él”.
Fischerman, en cambio apunta allá en donde el propio Piazzolla intentó
abrevar, en Miles Davis o John Coltrane, “ellos tenían formación
clásica. Pero Astor era un músico popular y es muy llamativo. Una de
las críticas que le hacían los tangueros es que a Piazzolla no se lo
podía bailar. Hoy sus temas que más derechos de autor generan son
paradójicamente los que se pueden bailar”.
Particular, obsesivo, creador no sólo de una vanguardia en el tango,
sino de una propia historia oficial de su vida que, por amor y respeto
a Astor, Gilbert y Fischerman decidieron desestructurarla. Como por
ejemplo describir y contar que fue el mismo Astor, el que había
compuesto Llueve sobre Santiago, tras el golpe contra Salvador Allende,
quien luego le dedicó un tango, Los Lagartos, al represor Alfredo
Astiz. Años más tarde cuando se supo quién era en verdad Astiz lo
rebautizó Tanguedia y fue el tema de la película El exilio de Gardel
(1985). Pero ese era Piazzolla también, controvertido y sinuoso, genio
y demonio, como la sociedad que lo vio nacer y que aún hoy, lo discute
y lo reconoce como propio.
*Con información de EL UNIVERSAL
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