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Hasta el 20 de marzo pasado, más de 1500 feministas
participaron en México del XI Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe,
espacio de articulación política regional que se realiza desde 1981 cada tres
años. El próximo encuentro se realizará en Colombia en 2011.

Democracia, hombres y fiesta
Más de 1.500 mujeres poblaron, para resignificarlos, varios exconventos de la
ciudad de México, esos espacios de reclusión que durante la conquista española
fueron, al mismo tiempo, los lugares donde las mujeres aprendieron a pensar,
leer y escribir, como recuerda la historiadora Josefina Muriel, al pensar en Sor
Juana.
Mitad latinoamericanas y mitad mexicanas, las participantes en el XI
Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, iniciado este 16 de marzo,
invadieron callejuelas y plazas del centro histórico de la capital del país.
Aparecieron desde los más distintos espacios, en pluralidad de feminismos y
suma de opiniones: lesbianas feministas, mujeres políticas, cientistas sociales,
las llamadas históricas, impulsoras del feminismo de los años setenta, y muchas
jóvenes egresadas, 30 años después, de la formación académica de género.
Hemos avanzado, dijo a SEMlac Magali Pineda, de República
Dominicana, fundadora del Centro de Investigación para la Acción Femenina
(CIPAF), quien es pragmática confesa.
''Lo que hoy hace falta al feminismo latinoamericano es poder político,
espacios en la zona de toma de decisiones, porque las mujeres siguen muriendo
por abortos clandestinos y la pobreza ofende, como ofende el tráfico sexual'',
asegura. República Dominicana es uno de los cuatro países de la región donde
está totalmente prohibido el aborto por cualquier causa.
En un hotel cercano al exconvento Regina, sede de las principales
actividades, las mujeres de la Red por la Salud discutieron las perspectivas de
la lucha por los derechos sexuales y los reproductivos, amenazados por el
conservadurismo más atroz de los últimos tiempos. Allí explicó detalles de la
persecución Ana María Pizarro, de Nicaragua.
Y entre tanta algarabía y dicha por el encuentro, Morena Herrera, una de las
combatientes del Frente Farabundo Martí, creadora de Las Dignas, Asociación de
Mujeres por la dignidad y la vida, en El Salvador, se abrazaba a sus compañeras
feministas para agradecer el triunfo de la izquierda en su país, aunque
reconocía que ello no garantizará avances reales a las mujeres. Gloria Careaga,
coordinadora de los temas de fondo, al final de su discurso inaugural, lanzaba
vivas por el triunfo en ese país del Frente Farabundo Martí.
(...)
En los espacios de la sede de las discusiones, en cada aula, recodo, pasillo,
lugar de encuentro, se han puesto los nombres de 33 mujeres de América y el
mundo, especialmente latinoamericanas, que en los últimos años han muerto y
fueron parte del impulso del movimiento feminista contemporáneo.
De ellas, incluidas las hermanas Mirabal, se vieron imágenes y recuerdos en
el patio donde dio comienzo la noche del lunes este encuentro, el segundo que se
realiza en México. El IV fue en Taxco, en 1987, hace 22 años.
Además, se rindió homenaje póstumo y reconocimiento a Alaide Foppa, fundadora
de la revista Fem; a Bety Fridan, la que puso a tono el malestar, el problema
sin nombre que dio origen al movimiento feminista estadounidense de los años
setenta; a las madres que propiciaron hijas irredentas, como Jesusa Ramírez, la
progenitora de Jesusa y Gabriela Rodríguez, dos feministas mexicanas.
También se dio espacio a las que contribuyeron de otra manera, con la
política, como Cecilia Loria o Susana Prats, una mexicana otra uruguaya, cuyas
características las unen en el tiempo: tolerancia y diálogo.
Había algo más en este principio de encuentro latinoamericano. Como nunca
antes, muchos hombres alrededor. Músicos, ayudantes, policías, organizadores,
apoyos diversos, camarógrafos, fotógrafos, etc. De eso no hubo en otros tiempos.
Una feminista emblemática, llamada Lucero González, me preguntó, cuando hice la
observación: y ¿esto es bueno o es malo? Fin de
fiesta
La resignificación de la democracia exige transgredir los límites de los
derechos políticos supuestamente conquistados por las mujeres de la región
latinoamericana y caribeña, dijo desde el estrado Axela Romero, una de las
mexicanas anfitrionas y organizadoras del XI Encuentro Feminista, efectuado en
la capital mexicana del 16 al 20 de marzo.
Refirió que, durante los conversatorios y las reuniones centrales, quedó
claro que en toda la región prevalece la enorme brecha entre los avances
consagrados, las leyes y las instituciones, tanto internacionales como
nacionales, de cara a la cruda realidad que viven las mujeres.
Del fundamentalismo a secas, nada, solamente tres líneas: ''Las feministas ya
reconocíamos al fundamentalismo religioso, pues hemos venido enfrentando sus
expresiones como la principal barrera y el primer obstáculo de confrontación
para el avance de los derechos de las mujeres'', especialmente los sexuales y el
aborto.
Es más claro cuando se mira el contexto opresor para más de la mitad de la
población de las latinoamericanas y caribeñas, como el avance de la
globalización y sus procesos unificadores, totalizadores y excluyentes, de cara
a la diversidad y a la ciudadanía incompleta.
También se evidenció que la palabra fundamentalismo es ''útil'' para dar
imagen a nuevas expresiones de opresión y control sobre el cuerpo de las
mujeres. Hay sectores hegemónicos en las sociedades latinoamericanas, tanto de
la política como de la economía y los medios de comunicación, las religiones y
otras instituciones que están profundizando los efectos de la globalización,
donde las mujeres pierden.
La relatoría terminó en medio de aplausos. No había conclusiones en el
estrado ni una declaración política.
En dos años, el XII encuentro feminista se realizará en Colombia, hoy
significada por una interesante organización de las mujeres feministas que
tienen décadas de vivir en un estado de guerra de baja intensidad.
Luego del informe de otra de las organizadoras, María Eugenia Romero, sobre
las finanzas, el estrado fue abarrotado por una multitud de declaraciones de los
talleres, los conversatorios, las charlas y los encuentros de las feministas, en
esos cuatro días.
No obstante, hubo consenso acerca de la necesidad de revisar en qué medida la
falta de recursos propios puede poner o no en riesgo la autonomía del
movimiento, examinar su relación con las organizaciones donantes nacionales e
internacionales. Y agregó Axela Romero: ''En el fondo, necesitamos establecer
prácticas de transparencia y rendición de cuentas que alejen la satanización del
dinero y las desconfianzas entre nosotras''.
Enseguida, se sucedieron los pronunciamientos individuales: la Asociación de
Mujeres de Argentina, a favor de incluir en la agenda feminista el tema de la
trata de mujeres y niñas y el tráfico de órganos; las indígenas pidieron ser
incluidas en los debates; las afromamericanas, mayor profundidad en el debate;
las lesbianas, el más nutrido de los grupos, explicó que seguirán trabajando
contra la exclusión.
Sorprendieron al auditorio los aplausos a la declaración de las Feministas
Socialistas, que pidieron regresar a los principios del feminismo y tomar nota
de la importancia de su autonomía. También fue entregado un pronunciamiento de
las trasvestis feministas y de las críticas jóvenes feministas.
Las mujeres periodistas reclamaron al XI Encuentro ser consideradas parte del
movimiento y su solidaridad para las comunicadoras perseguidas, hostigadas o
asesinadas en América Latina, especialmente víctimas de las guerras declaradas y
no declaradas, como los casos de Colombia y México.
La Confederación Latinoamericana y del Caribe de las Trabajadoras del hogar
puso sobre la mesa la terrible discriminación que estas siguen viviendo, en
estados donde no se las trata como a otros y otras trabajadoras, y hay barruntos
de esclavismo en pleno siglo XXI. También hablaron las artistas y las Mujeres
contra la Violencia en Perú.
La nutrida explicación de la situación de las mujeres contrastó con el tono
sereno que había puesto Axela Romero a su palabra, en una relatoría formal donde
la conclusión más interesante fue que hay peligro y retroceso para los derechos
conseguidos en el último siglo: los derechos sexuales y reproductivos.
Pero también la creciente despolitización de los ejes fundamentales del
feminismo: ese principio de la libertad del cuerpo, de la posibilidad de la
libre opción sexual y el aborto, que según la relatoría ha sido torcida por los
gobiernos de la región. Porque, además de incorporar efectivamente los temas de
la orientación sexual y la identidad de género, es crucial no olvidar que el
aborto sigue siendo una asignatura pendiente y urgente en la región.
Costo del encuentro feminista
El XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe movilizó a 1.600
mujeres, de 19 países. Ello significó una inversión de poco más de 900.000
dólares, 562 dólares por participante. El financiamiento provino de la
Cooperación Española, Hivos, Global Found, Semillas, el Fondo Centroamericano de
Mujeres, la Fundación Rosa Luxemburgo, Oxfam y el gobierno del Distrito Federal
de México. Más de 400.000 dólares se invirtieron en hospedaje, comidas y
transportes. Las participantes aportaron, con sus suscripciones, 80.000 dólares.
Del total de participantes, 250 mujeres fueron totalmente becadas, es decir, 20
por ciento de las asistentes. La Comisión de difusión significó un gasto de
40.000 dólares; la de prensa 22.000 dólares, la de logística 160.000 dólares.
María Eugenia Romero, de la organización Mujer, Trabajo y Familia, de México,
ofreció ese somero informe al término de los trabajos, con la costumbre de
transparentar los recursos, su origen y la forma en que se ejecutan en estos
encuentros.
Artemisa
Noticias/SEMlac
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