Las melodías casamenteras de las sinagogas influyeron en la formación del revolucionario músico argentino. Así lo revela un interesante artículo publicado por la revista Convergencia, de Buenos Aires.
Los años de niñez que el músico argentino Astor Piazzolla vivió en Estados Unidos, fueron los más decisivos en su formación personal. El hecho de vivir en un barrio de inmigrantes italianos y judíos generó una interacción cultural muy interesante. La familia Piazzolla vivía al lado de una sinagoga, escuchando constantemente tanto la música litúrgica como la de los músicos judíos en casamientos y jaguim como purím. Inclusive llegó a trabajar en esa misma sinagoga, según sus propias palabras, como “goy fun shabes”.
Decisivo aporte a la historia de la música de Buenos Aires. El autor
del artículo publicado en la edición de este mes de la revista
Convergencia, Mariano Wolman, es categórico a la hora de contestar la
pregunta que él mismo se formulara en el inicio de su texto.
¿Existe alguna relación entre el Freilej y el tango moderno? ¿Cuáles
son las influencias de la música judía en este estilo tan propio del
Río de la Plata? Un breve recorrido por la historia de uno de los más
grandes compositores de tango del Siglo XX nos explica la relación
entre ambos géneros.
“Muchos de los ornamentos escuchados en sus solos de bandoneón (su
música más personal y expresiva), son muy cercanos a los ornamentos que
se escuchan en el klezmer, sobre todo en los sonidos del clarinete y el
violín (sonidos tan fáciles de relacionar con la risa y el llanto).
Pero el “elemento judío” más notorio en la música de Piazzolla es sin
lugar a dudas el ritmo, el compás compuesto”, señala Wolman.
Esta exposición a los ritmos del klezmer fue lo que influyó
inevitablemente la concepción rítmica del joven Piazzolla. Y es este
mismo ritmo el que puede ser fácilmente identificado en gran parte de
su creación musical. El mismo que sonaba ajeno al tango más
tradicional, y por el cual Piazzolla no era querido ni su música
comprendida. Y es precisamente este elemento musical, el que es en
nuestros días parte inseparable de la música que más representa a la
Argentina.
Contundente, aunque en rigor de verdad poco debería extrañarse el
neófito en estos temas, porque lo que narra Wolman a propósito del
tango piazzolliano, como entrecruzamiento de culturas, es una constante
en la conformación profunda de lo porteño a partir de fines del silgo
XIX. No sólo en su música, sino en su literatura, en su habla, en su
gestualidad y en sus comidas, por sólo citar algunos ejemplos
particularmente visibles.
La revista Convergencia, “por un Judaísmo Humanista y pluralista” es editada en Buenos Aires y su director es Dardo Esterovich.
“Muchos judíos diaspóricos poseemos una suerte de “doble identidad”,
tanto en nuestros países de origen, por ejemplo judeo-argentino,
argentino judío; como luego de hacer Aliá, por ejemplo
israelí-arguentinai. Este es un factor que tiene un rol muy importante
en nuestra formación como personas. Los distintos estímulos a los que
estamos expuestos a lo largo de nuestras vidas, influyen nuestra forma
de ver las cosas, la forma de sentirlas, repercutiendo sobre nuestros
gustos y preferencias”, sostiene Wolman en su nota.
En ese sentido, agrega que “un argentino puede escuchar música de
Piazzolla con naturalidad, sin percibir nada extraño en ella, más allá
de emocionarse, aburrirse, deleitarse o decidir no prestarle atención.
Es casi lo mismo que escuchar una canción de moda que suena en todo
lugar, a la cual de alguna manera nos terminamos familiarizando con su
sonido”.
Cuando estamos en un casamiento y bailamos al ritmo de “Hava Naguila” y
de otras músicas como la popular “Mazl Tov”, pasa algo parecido. Si
bien este tipo de música, al estar descontextualizada (es decir, fuera
del ámbito judío) nos llama la atención, más allá de causarnos
curiosidad, es percibida con toda naturalidad por nuestros oídos.
¿Cuál es la relación entre estos dos tipos de música? Una forma
interesante de responder a esta pregunta, es analizando la formación de
la identidad musical y personal de Piazzolla para luego encontrar los
elementos comunes entre el compositor y la música judía.
Astor Pantaleón Piazzolla (1921-1990) nació en Mar del Plata,
Argentina, hijo de inmigrantes italianos. A los cuatro años de edad,
emigró junto a su familia a los Estados Unidos asentándose en un barrio
de Nueva York, habitado mayormente por inmigrantes italianos
meridionales y judíos de Europa Oriental, ciudad en la que
permanecieron hasta 1936, año en el que emprendieron su regreso a la
Argentina.
Esta primera época es decisiva en la formación del joven compositor y
virtuoso bandoneonísta, y será reflejada en su vuelta a la Argentina,
donde la ejecución del tango será su fuente de ingresos, y donde será
tanto amado como odiado por su extraña forma de concebir este tipo de
música. Piazzolla siempre será recordado como el que revolucionó el
estilo, y el que abrió las puertas a nueva inventiva dentro de un
género dominado por una mentalidad conservadora.
A continuación reproducimos en forma textual algunos de los párrafos sobresalientes del artículo de Mariano Wolman:
“Rítmicamente, el tango tradicional (apodado de la vieja guardia) es
una música destinada mayormente al baile, y está basada en el compás de
dos cuartos (es por ello que el tango tradicional es apodado dos por
cuatro). Para el que no comprende el significado de compás, les
propongo un pequeño ejercicio: escuchen La Cumparsita - tango
tradicional de fácil acceso, y comiencen a marchar siguiendo el ritmo
de la música, su pulso; luego descubrirán que hay pulsos marcadamente
acentuados y otros más débiles, y que cada pulso acentuado es seguido
por uno débil. El compás es una agrupación de pulsos que tiende a
repetirse periódicamente a lo largo de una música, donde el primero
tiende a ser más acentuado que el resto y en el caso de La Cumparsita,
nuestro oído tiende a agrupar de a dos pulsos, uno acentuado o fuerte
seguido de uno débil. Si cada pulso, musicalmente hablando equivale a
una negra, en el tango tradicional tendremos dos negras por compás, lo
que se denomina dos cuartos (siendo cuarto la palabra latina para la
figura negra)”.
“Ahora les propongo escuchar música de Piazzolla para poder comparar
(…). Un buen ejemplo es Libertango. Como podrán prestar atención aquí,
a nivel rítmico esta obra musical se comporta de manera muy diferente a
La Cumparsita. Tenemos la sensación de que hay pulsos más cortos y
otros más largos, y que pueden agruparse en compases que incluyen dos
largos y uno corto, lo que genera una suerte de inestabilidad rítmica
para el que no está acostumbrado. Este tipo de ritmo suele apodarse
quebrado, compás fraccionado, o más correctamente: compás compuesto. A
decir verdad, hay que reconocer que el pulso no cambia, y lo que
nosotros percibimos no es nada más que un truco rítmico: Piazzolla
acentúa la música en lugares que no coinciden con el pulso, generando
así la ilusión musical de oír pulsos de distintas duraciones. Se
produce de esta forma un cambio drástico en la concepción rítmica del
tango de la vieja guardia, creando de esta manera algo nuevo, algo que
ha sabido perturbar a los conservadores músicos de tango de mediados de
siglo (y hasta hoy en día existe aún quien insiste en que esto no es
tango)”.
“La pregunta ahora es ¿de dónde proviene este tipo de concepción
rítmica? La música de los casamientos mencionada anteriormente, como
Mazl Tov, es originaria de Europa Oriental, y tradicionalmente es
familiar en ámbitos ashkenazim, como en diferentes comunidades que
reconocen esta música como judía y hacen uso de ella en diversas
ocasiones, generalmente festivas. Hoy en día este tipo de música es
reconocida globalmente como Klezmer, género que en nuestro tiempo
continúa cobrando popularidad en casi todo el mundo. La música bailable
que estamos acostumbrados a escuchar en casamientos, recibe el nombre
de Freilej (alegre en Yiddish), y no es nada más que el estilo más
bailable que existe en el mundo de la música klezmer. Esta es la música
más representativa de los ashkenazim, cuyo origen data cientos de años,
y durante cuyo desarrollo han sido incorporados elementos musicales
rumanos, ucranianos, balcánicos, gitanos, y otros. (…)”.
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