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En la primavera de este año la editorial El Olivo Azul diversificó su catálogo con la colección Errantes en la que,
anuncian, tendrá cabida una amplia variedad de géneros (ensayos, aforismos,
diarios, memorias, etc.) pero aglutinados en torno a un eje: el viaje en todas
sus facetas. Ya sean viajes reales o imaginarios, interiores o de ideas, “cada
uno será, a su manera, una guía de perplejos”.
Los dos primeros errantes elegidos han sido Rétif de La Bretonne con ‘Las noches
revolucionarias’ y Guillaume Apollinaire con El
paseante de las dos orillas.
Apollinaire (1880-1918) fue poeta, novelista y ensayista. A pesar de haber
nacido en Roma, pasó la mayor parte de su vida en Francia y terminó
convirtiéndose en un icono del París de las vanguardias y en alma del barrio de
Montparnasse. A él le debemos el término ‘surrealismo’, que utilizó por primera
vez en 1917 para referirse a su obra de teatro ‘Las tetas de Tiresias’,
subtitulada como drama surrealista:
Cuando el hombre quiso imitar el andar, creó la rueda, que no se parece en
nada a una pierna. Así hizo surrealismo sin saberlo. Después de todo, el
escenario no se parece a la vida que representa más que una rueda a una
pierna.
Tiempo después, en 1924, André Breton recuperó el vocablo en su
Manifiesto.
‘El paseante de las dos orillas’ se inscribe en la tradición francesa de la
flânerie (literalmente “paseo”), que hace referencia a una actitud
vital y que originó un subgénero literario cultivado por autores como Rabelais,
Rétif o Baudelaire. Este último la definió como la capacidad de “estar fuera de
casa, y sin embargo sentirse en todas partes como en casa”.
Este libro constituye la primera obra de Apollinaire que se editó tras su
muerte, acaecida en noviembre de 1918 cuando el autor contaba treinta y ocho
años. Algunos meses antes, la editorial La Sirène le había pedido que escribiera
algún texto, preferentemente una novela. Se cree que hacia finales de agosto
Apollinaire habría corregido las primeras pruebas de imprenta de la obra que
todavía carecía de título, a pesar de las peticiones reiteradas de Jean Cocteau.
El libro se publicó en marzo de 1919 bajo el nombre de ‘Le flâneur des deux
rives’, elegido finalmente por Cocteau de entre los cuatro propuestos por
Apollinaire.
La flânerie personal de Apollinaire se compone de un collage de textos que en su mayor parte ya habían sido publicados en diversas
revistas entre 1910 y 1914 y que, en los meses anteriores a su aparición en
forma de libro, fueron corregidos y aumentados por su autor.
‘El paseante de las dos orillas’ me recordó una lectura reciente, Lo
infraordinario, del también francés Georges Perec. Es evidente que ésta
última posee un marcado tono lúdico y experimental del que carece la obra de
Apollinaire, pero ambas comparten el hecho de nutrirse de textos fragmentarios,
unos líricos, otros críticos, algunos más personales.
Así, Apollinaire pasea por las calles y barrios de las dos orillas del Sena y
nos transmite sus observaciones sobre la vida cultural y los recovecos más
curiosos de París, siempre bajo el prisma de sus propios recuerdos. Las recién
nacidas vanguardias se alojan entre los libros del señor Lehec, la bodega de
Vollard, el marchante de arte, los villancicos de la calle de Buci o entre las
decenas de objetos coleccionados por el poeta Ernest la Jeunesse.
A través de un paseo en zigzag de una orilla a otra del río Apollinaire nos
acerca, nos revive a pequeñas pinceladas el París vanguardista de principios del
siglo XX.
El Olivo Azul Traducción Elena Fons y Jèrôme Gauchet ISBN:
978-84-936637-6-6 104 páginas
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en El olivo Azul
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