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¡Come como hombre! PDF Imprimir Correo
Escrito por Joshua Katcher   
31-08-2009

El tema del machismo y la alimentación nunca lo habíamos tocado en Ecosofía hasta ahora. Y no por falta de interés: consideraba que, escrito por una mujer vegetariana, el artículo podía sonar aburridamente crítico. Y justo en estos días, un amigo me descubrió un soberbio y fantástico artículo escrito por un hombre vegetariano. Lo traduzco íntegro, con la autorización del autor, Joshua Katcher, del blog The Discerning Brute. (Fabiola Leyton)

Acabo de devorar un plato de maíz al horno con aceite picante, patatas a las hierbas con salsa de setas y un kebab de manzanas asadas con calabacines y salsa barbacoa. Las proteínas, minerales, carbohidratos y fitoquímicos entran a mi torrente sanguíneo, rellenando y formando músculos, huesos, órganos y tejidos- especialmente, mi apéndice masculino que requiere de venas y arterias saludables para estar alerta. Esto no es suficiente, sin embargo, para salvarme de ser castrado por mi tipo de alimentación.

Creciendo, e incluso siendo adultos, estamos obligados a hacer ciertas cosas "como hombres", "Pórtate como un macho!", "¡Sé hombre!" Este fenómeno podría resumirse básicamente como un llamado a endurecerse, esconder tras una máscara cualquier trazo de sensibilidad para no mostrar debilidad. He visto a padres recriminando a su hijo por llorar al herirse una rodilla "¡Deja de llorar, pórtate como un hombre!". Sé la historia de un amigo que, a los seis años de edad, lloraba, dedo en el gatillo, mientras su padre susurraba fríamente a su oído: "Sólo dispárale al maldito venado. ¿No quieres ser un hombre?".

El estoicismo, el invaluable parangón de la virtud griega, podría ser uno de los más codiciados estados de existencia para el hombre civilizado. Sin afecciones, impenetrable, perpetuamente imperturbable y metódicamente efectivo. Y, por supuesto, también tenemos que "comer como hombres".

¿Cómo comen los conejos? Ellos seleccionan y mascan cuidadosamente diferentes vegetales para alimentarse. Curiosamente, nadie se burla de ser comparado con un conejo cuando se trata del sexo. "Hacerlo como conejos" halaga la virilidad de un hombre, sin embargo, comer una dieta de conejo es como una burla de su masculinidad. Por el contrario: comemos animales enteros con la esperanza de apropiarnos supersticiosamente de sus fortalezas. La portada de la revista Esquire de septiembre de 2009 proclama "Comer como un hombre" y lleva a un reportaje de dieciséis páginas titulado "Cómo comen los hombres" Se trata de un festín carnívoro total. Una fiesta de queso, huevos y grasa envuelta en jamón y bañada de sangre. Desde pollos en salsa de Coca-Cola a una salsa de tres-carnes y huesos, o los famosos caramelos "Jujube":

"La gente se queja que los jujubes están hechos de caballos muertos... pero ignoran un oscuro secreto: comer caballos muertos nos da poder y virilidad. Comer Jujubes es como comer cuernos de rinoceronte en polvo o penes de foca sin ninguna de las consecuencias sociopolíticas ni molestias burocráticas. ¡Mirad! Son sólo dulces... un dulce que se puede comer tranquilo... sin recriminaciones de las esposas o los guardianes de la salud... Vamos a comer nuestros jujubes y nos haremos cada vez más fuertes, hasta que un día nos levantaremos con el estruendo de un millar de caballos, nuestros vientres rellenos con sus almas y la gelatina y los dientes manchados por la sangre, y pisotearemos vuestros campos libres de pesticidas, como un ejército de furiosos sementales."-- Chris Jones “The Only Candy A Man Should Eat” Esquire Magazine Sept 2009.

En este ambiente social, muchos hombres no se sienten a gusto si son vistos mostrando compasión. Porque, a un nivel muy profundo, su lógica y objetivismo están en serio riesgo de ser corrompidos por la emoción- y junto a ello, de perder el control sobre las cosas. Al menos esto es lo que se concibe socialmente. Las emociones están lejos de ser lógicas, porque no pueden ser medidas ni mapeadas. No hay un mercado de las emociones ni un índice de bienestar, ¿cómo se puede medir la compasión, el amor, la odiosidad o la indiferencia? Como productos alimentarios, los animales no pueden ser vistos como seres sintientes. Son unidades de producción, cosas que se pueden controlar y manipular, despojados de identidad, totalmente consumibles.

El vegetarianismo puede tener un alto grado de moralidad, pero entre los hombres es considerado, si no una cosa de chicas, al menos un afeminamiento- un régimen anémico para almas sensitivas subsistiendo a base de comida para conejos y tofu. Comer carne sigue siendo una muestra de masculinidad- porque el músculo contiene una cantidad generosa de testosterona, que permite obtener la agresión necesaria para matar a un mamífero inferior en la cadena alimentaria.--Holly Brubach New York Times Blog, 9/3/2008

¿Es la masculinidad un obstáculo para la sostenibilidad?

Un hombre mostrando compasión, misericordia y piedad es como portar banderas rojas, advirtiendo a otros que puedes ceder a la empatía. La capacidad de seguir adelante y de completar una tarea se ve amenazada cuando las emociones entran en juego. En nuestra cultura los hombres a menudo tratan de estar libres de emociones -porque el valor de un hombre se mide en su capacidad de completar una tarea. Dispararle al animal. Traer el pan a casa. Disparar el misil. Abrir la cabeza del gato para observar, objetivamente, cómo funciona por dentro. Por supuesto las mujeres también participan en estas actividades, aunque a menor escala, pero vivir en una cultura patriarcal pone la fuente del poder en las definiciones tradicionales de la masculinidad. Pocos argumentarían que el estereotipo de la mujer que está más en contacto con las emociones, es una falacia completa, y pocos argumentarian que las feministas luchan increíbelmente contra la creencia discriminatoria de que la emoción va en detrimento de la efectividad.

La maldad se alimenta de poder. Los hombres se comen las cosas que ellos esperan ser: músculos. Es una relación delirante, y a la vez destructiva. Para empeorar las cosas, la dieta abundante en carne y productos lácteos ha sido relacionada con la disfunción eréctil. Y eso no es en absoluto varonil. Lo varonil hoy se está transformando hacia el concepto de héroe que considera las implicaciones personales y globales de la cría y consumo de animales como comida, y que se involucra activamente para hacer algo al respecto.

Allan Benton, de Smokey Moutain Country Hams (en su entrevista con la revista Esquire) remarca al final, como un chiste "Me tomo mi Crestor [un medicamento para ayudar a mantener bajo el colesterol]", como todo el mundo" Pero yo no lo tomo, Allan. Yo no.


Por Joshua Katcher: "Eat like a Man", en su blog "The Discerning Brute". Traducido por Ecosofia.org con permiso del autor.


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