PORTADA arrow Antonio Hermosa arrow LA LÁMPARA DE DIÓGENES arrow Identidad francesa



elmercuriodigital.es
       PORTADA    WILD CAT    EL SALERO    EL CONVENTILLO    EL MERCURIO DEL MEDIO AMBIENTE    BÚSQUEDAS 2002-2010    



Identidad francesa PDF Imprimir Correo
Escrito por Antonio Hermosa   
18-12-2009

Adivina adivinanza: ¿qué es ser francés? ¿Cómo? ¿No lo sabe? Ea, pues ya puede participar en el debate que se está celebrando en Francia en estos días sobre tan enjundiosa materia, y sepa que su opinión tiene futuro.

Sepa también que se trata de algo la mar de importante, pues aún no ha sido definido y la derecha en el gobierno ya se está despedazando a su cuenta. Ya sé, me dirá, pero es que se están despedazando constantemente, al punto que ya ni necesitan a la izquierda para que cumpla esos menesteres. Hace poco, para no ir muy lejos, la pelea entre Chirac y Sarkozy, miembros del mismo partido que hoy no se hablan; hace menos, el affaire Clearstream, por el que tan turbias discurren las aguas de la política francesa, y que enfrentó a dos ex ministros de Chirac, que aspiraban a suceder a Chirac, y que uno, Sarkozy, lo consiguió y consiguió del otro, Villepin, que fuera a la cárcel en lugar de a la presidencia, y no es lo mismo. ¿Será eso ser francés? En fin, ¡qué Europa la nuestra: las luchas de clases simulan diluirse, con perdón de la izquierda una y trina, y  he aquí de nuevo las guerras de religión de forma cada vez más impúdica y sofisticada! ¡Y que viva la pos-posmodernidad!

        
Yo no es que quiera sumarme a debate tan prometedor, aunque pudiera hacer valer mis credenciales, pues alguna página de Diderot, de Montesquieu, de Tocqueville, etc., tengo leída, y conste que no lo digo por si cuela, sino porque a mis ojos eso casi me convierte en acreedor de hacer ondear en la azotea de mi casa –cuando mi casa tenga azotea, cierto-, si no un ejemplar de la tricolor en persona, al menos un pañuelo bleu-blanc-rouge, y limpio, por supuesto, pese al constipado reinante. Así, cuando soplen los vientos, mi venturoso pañuelo, cual oriflama de nueva abadía de San Dénis andaluz, enseñará a las tropas de Al Qaeda que merodean por el Magreb dónde empieza su actual Poitiers. ¡Olé!

        
Ahora bien, como no tengo muy claro si lo francés es, un poner, la Déclaration des Droits de l’Homme et du Citoyen o Robespierre, o los dos juntos y ¡que viva la madre superiora que los parió!; si son los argelinos aplastados en Argelia, los franceses que aplastaban a los argelinos, los pieds-noirs franceses que emigraron de Argelia a Francia por eso del aplastamiento, los descendientes de argelinos emigrados más tarde a Francia obteniendo la nacionalidad, sus hijos, que unas veces parecen lo que no es y otras son lo que no parece, etc.; si es la Fronde o la monarquía encarnada por Luis XIV, etc.; de otra parte, he sabido de buena tinta que Voltaire era francés y que Le Tellier también: ¿y quién más francés que la Francia de Vichy o Le Pen, y quién menos que Dreyfus?; etc. O sea, como no sé nada pero tengo unas ganas locas de opinar que por algo esto es Internet y eso la Democracia, y todas las opiniones valen lo mismo ¡y que viva el multiculturalismo opiniolátrico!, pues tengo una sugerencia que dar a los doctos: que empecemos con definiciones negativas, es decir, afirmando con claridad qué es lo no francés.

        
O sea, que a claridad tocan: ser francés es no ser español, cosa ésa probada por el hecho de que en tal caso estaría a cuarenta y pico años de hipoteca para serlo. Primera gran verdad, pues a ver si con tanto túnel entre un país y otro, con tanto turista español por allá y francés por acá, con tanta victoria en el Tour o en Roland Garros, a ver, digo, si nos va a confundir y ante la gente un burdeos pase por un rioja con lo que gastamos en publicidad. Ser francés es asimismo no ser estadounidense medio, porque si no tendría que tener un rifle y una túnica frailuna con remate en burka cónico-nazarena, salir con frecuencia de cacería y disparar a todo bicho viviente que perturbe la paz social, sea negro o, más à la page, gay, que para algo los ha puesto dios en el mundo. Descartado, pues, que un francés sea un norteamericano del montón. Si se le mira y remira bien se comprobará que tampoco un francés es un patriota ruso, porque por remirao que esté no se le encontrará el certificado oficial que atestigüe que voló algún colegio checheno sin preguntar quién anda ahí (o de la región en general, que tampoco hay por qué ser un escrupuloso del copón), asesinó a alguna periodista, dinamitó algún teatro o, incluso-incluso, bombardeó el Parlamento con parlamentarios dentro, viviendo esa dicha sublime de ser Yeltsin por un día. Un francés tampoco es un italiano, porque de sus berlusconis se cansa a la primera y no a la indefinida, con independencia de que la justicia poética alcance al personaje en cuestión ya que la otra no, que no en vano la define el personaje en cuestión.

        
En fin, visto lo visto, ya me dirán si no hemos avanzado un mundo, y eso que queda todavía un montón de claridad sin usar. Y eso, además, que sólo hemos aludido a diferencias humanas, que si la hubiéramos emprendido con diferencias naturales habríamos llegado mucho más lejos todavía: ¿cómo comparar el incomparable quiquiriquí del gallo francés con el del gallo musulmán, que no sólo anuncia el alba, sino que quiquiriquea otras cuatro veces más al día llamando a la puesta de huevos al gallinero local? ¿Cómo comparar, por limitarnos a lo europeo de siempre –y es que por qué tanto empecinamiento en buscar allende nuestras fronteras lo que tenemos aquí-, la leche tricolor de una vaca made in France y la leche con una cruz, blanca eso sí, pero sobre fondo rojo de la vaca suiza? ¿Y qué, Vd. mira un saltamontes británico y otro francés, y no los distingue de inmediato? Vamos a ver, ¿cuál de los dos se come una hoja de un árbol turco, otra de uno colombiano, otra de uno chino y tiro porque me toca, y todas en un mismo día?; o sea: ¿cuál se parece a Sarkozy y cuál no, o es que Vd. carece de criterio? Vaya, yo no quería, pero al final incursioné en la naturaleza francesa; bueno, al menos habrán notado que hemos avanzado mucho más.

        
Así pues, y dado que lo francés existe, lo mejor es definirlo, máxime en estos tiempos de mutaciones, de sincretismos, de indefinición, de inseguridad, de crisis de valores y, por lo que se ve, de carnets de identidad; en estos tiempos de novedades, en suma, y sin un Alejandro a quien seguir como dios manda ni maldita falta que hace; en los que cada uno corre el riesgo de ignorar quién es –menuda suerte, dirá alguno, y por su dicho lo conoceréis: y sabréis que no se trata de un sarkozyano francés-, sin que ello le exima de pagar el iva; de perder su personalidad y tener que arrepentirse después de que su historia ha pasado en vano; nada pues como una buena definición de lo francés para devolver la paz a las almas galas: y una definición a lo Botticelli, con sus líneas precisas que forjan jaulas de las que ya no se puede salir, en lugar de a lo Leonardo, con esos sfumati que dejan pasar el aire de un escenario a otro, que insinúan redes de relaciones, asomos de cambios –esos pájaros tan temidos que pueblan nuestros cielos-, nudos que se deshacen y formas que se rehacen. Eso, para los otros, los no franceses, que seguro que ni sabrán lo que son: ¡y que viva la Francia eterna, el patriota Maurice Barrès y las extremas derechas en general, aunque por el momento la mona se disfrace de Europa en general y, en Francia, de Francia en particular!

        
El “gran debate”, pero “noble”, claro, inspirado por el presidente de Francia es, pues, el de la “identidad nacional”, y su blanco la inmigración, naturalmente, que a ver si va a ser francesa también cuando no hay sangre de Carlos Martel por sus venas y a ver qué nos buscamos entonces para discriminar. Empero, jugar con fuego debería ser la primera meta a evitar por el aprendiz de brujo que, aun cuando hable de Francia y por lo tanto de una expresión pronunciada por vez primera hace menos de cuarenta años, está hablando asimismo de historia, y conoce con total exactitud por ella lo bien que se ha llevado dicha expresión con los regímenes dictatoriales de cualquier pelaje -no sólo los totalitarios-, con los colonialismos, los nacionalismos bélicos, los imperialismos y, en general, con todo proyecto liberticida. No se trata de una carta más lanzada a la arena política tocada con la varita mágica de la inocencia, sino que se está invocando a uno de los dioses del exterminio, cuyas fauces siempre abiertas devorarán sin saciarse cuanto les llegue. ¿Y dónde buscar en ese caso la otra historia más genuinamente universal de Francia, la de la tolerancia, la solidaridad con el perseguido político, con los apestados de las tiranías foráneas? ¿Qué se nombrará al apelar a los Derechos Humanos como resumen de la dignidad de los seres humanos sin distinción de sexo, raza, credo, lengua, posición social, etc.; a la Francia republicana como espacio político de convivencia entre diferentes, o al laicismo como fórmula de integración entre los mercaderes de creencias y de protección a los que sólo nos valemos de las propias?

        
Mucho me temo que en ese debate, si finalmente se produce un resultado neto, haya vencedores y vencidos, una mayor división social en el seno de la sociedad francesa que antes del mismo y un nuevo foco de conflicto que puede devolver la sangre a la arena pública. Si algo creo que expresa el sólo hecho de debatir sobre ese tema es el auge de la extrema derecha en Francia, algo igualmente muy francés, un fenómeno en sí tenebroso y descorazonador, pero que se vuelve obscenamente insultante y ridículo además cuando vemos que un presidente que presume de demócrata lo atiza porque aspira a su gestión y rentabilidad política. Alguien de su confianza debería aprovechar y hablarle de Weimar, porque aquí más vale exagerar que lamentarse después. Por el momento, mi curiosidad se contenta con saber qué casilla, si la del sí o la del no, marcaría el presidente ante la pregunta siguiente: caso de llegar a definirse la identidad nacional, lo francés, ¿seguirán siendo franceses los que han votado en contra de la definición? Continuará




COLUMNISTAS
ESPACIOS DE OPINIÓN
MÁS OPINÓN
Jorge Majfud
Pascual Serrano
Antonio Hermosa
Amy Goodman
Fabiola Leyton
Silvia Ribeiro
José Saramago
Eduardo Galeano
Cristian Frers
Jorge Zavaleta
Franco Gamboa
Luis Buero
Leonora Esquivel
Teodoro Rentería
Herbert Mujica
Ricardo Luis Mascheroni
Esther Vivas
Miguel Ángel Sánchez de Armas
OTROS AUTORES





Estadisticas y contadores web gratis
  El Mercurio Digital, Spain MercurioPress Editor Ángel Rojas Penalva Desde 2002 en Internet
Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Powered by CMS PROFESSIONAL. Design by Crystal7 Templates. Released under the GNU/GPL license.
Directorio de Empresas de Periódicos digitales
Directorio de Empresas y Profesionales de EspañaEl tiempo es 0.64727592468262