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¿Quién no tiene una vida doble en este mundo? A escondidas, es decir, detrás de bambalinas o bajo las influencias del alcohol, muchos de nosotros despertamos a las múltiples máscaras y personalidades que se alojan en nuestro subconsciente. Esto es mucho más salvaje y, a momentos, turbador cuando exploramos nuestros instintos sexuales, nuestras necesidades básicas que nos equiparan con las propensiones de cualquier otra bestia en el reino animal.
Hombres y mujeres buscan la satisfacción mediante una serie de experiencias lujuriosas retratadas en obras maestras de la literatura al estilo Flaubert con Madame Bovary o junto a las tragedias salaces del marqués de Sade. De esta manera, miles de turistas, empresarios, estudiantes y demás deudos románticos de la izquierda caen como palomas mensajeras en las redes de los atractivos sexuales que tiene Cuba, claramente catalogada como una Tailandia dentro de Latinoamérica por el tamaño gigantesco que adquirió el negocio de la prostitución en la actualidad.
Las historias por demás jocosas y múltiples experiencias exóticas al calor del Caribe, hacen que necesariamente se comenten las condiciones profundamente liberales en que se practica el sexo al interior de la isla comunista. La prostitución es una actividad económica que ayuda a subsistir a muchos jóvenes. Esteban cuenta que “los alemanes y canadienses buscan chicas negras y mulatas, los mexicanos las prefieren rubias y de buenas nalgas, los negros que vienen de Bahamas o de Trinidad y Tobago parecen delirar al conseguir trigueñas. ¡Qué mas da, en Cuba el sol sale para todos”.
La estrecha relación entre turismo y sexo
Yanela, joven de 19 años, no se considera prostituta y cataloga sus acciones como sentido de oportunidad. “No hay que confundir las cosas, yo no soy jinetera porque ésta es una callejera de 24 horas al día. Otras mujeres salen con turistas según la necesidad económica que tengan sus familias y, finalmente, hay otro tipo de mujeres que ven en el turismo una circunstancia útil cuidando que las cosas salgan bien; es decir, que puedas ganar un buen dinero, gozar de los placeres de la vida, el buen vestir y algunos lujos, no contagiarse de enfermedades y tampoco ser víctima de la violencia o del acoso policial”.
El paseo del Prado, Plaza Central y el pasaje peatonal de la calle Obispo, lugares populosos ubicados en la Habana Vieja, se pueblan con cientos de chicas y chicos que, como gatos pardos, irrumpen por la noche en medio del jolgorio de conciertos tropicales o esperan pacientemente en las afueras de restaurantes para conquistar el espíritu aventurero de los turistas, empresarios y otros mirones. “Los italianos y españoles siempre buscan una mujer después de la cena –cuenta Daymara– de tal manera que si han gastado por el placer de comer bien, ¿por qué no continuar sin restricciones pagando un buen precio para obtener una compañía femenina?”
Los últimos 25 años, el número de mujeres trabajadoras en Cuba se incrementó en un millón y para el año 2000, según los estudios del Banco Mundial, las cubanas representaron el 43 por ciento de la fuerza de trabajo ocupando una mayoría de labores técnicas. Además, la búsqueda frenética de dólares hace que los jóvenes evalúen el costo de oportunidad por dedicarse a la prostitución como algo realmente óptimo para sus expectativas porque los beneficios son inmediatos, libres de impuestos, de intermediarios y algunas chicas podrían inclusive casarse, abandonando legalmente el país.
Durante el auge del socialismo entre los años 60 y 80, y gracias a la llegada de millones de dólares subvencionados por la ex Unión Soviética, el ser prostituta o gigoló no solamente estaba controlado por el Estado, sino que no representaba un oficio provechoso. ¿Cómo y por qué rebrota la prostitución tal como en los tiempos pre-revolucionarios de Batista? La respuesta es simple: la crisis económica y la permisividad pragmática del Estado revolucionario para promover que los cubanos se auto-empleen pudiendo así salir adelante a como dé lugar, hicieron que la prostitución de hombres y mujeres posea un atractivo financiero en condiciones gentilmente abonadas por el turismo.
Durante las épocas de gloria socialista, el eclipse del turismo en gran escala frenó la prostitución pero ahora tiene lugar una convivencia de mutua determinación: a medida que crece el sector turístico, también el comercio sexual. Según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), hasta el año 2007 Cuba espera recibir, por lo menos, 10 mil millones de dólares gracias al turismo. ¿Cuáles son, entonces, las perspectivas económicas y diferentes incentivos para la prostitución? La ruta es unívoca: las condiciones son pujantes e increíblemente seductoras. Incluso revistas famosas a escala mundial como Playboy y Viaggiare publicitan el turismo cubano ligándolo necesariamente con un paraíso sexual de inagotable goce.
En opinión del crítico literario Ambrosio Fornet, también existen algunos elementos culturales que hacen de la sexualidad una esfera sin muchas inhibiciones para Cuba. “La iniciación sexual es muy temprana como en cualquier otro país del Caribe, no existen grandes tabúes sobre el sexo y la revolución también estimuló un enorme movimiento de autodeterminación para las mujeres que antes no se veía. Recuérdese todo el proceso de alfabetización durante los años 60 donde la mujer cubana estuvo en primera línea, sin limitarse por lo que decía el marido o la familia, simplemente se iban hasta los lugares más alejados cumpliendo su labor revolucionaria y practicando un uso libre de sus decisiones y apetencias”.
Esta experiencia de decisiones libres hace que las mujeres no encuentren inconvenientes a la hora de utilizar su cuerpo como mejor lo consideren. La práctica del placer como fuente de autonomía sexual, e inclusive de realización, hace que tanto los hombres como las mujeres no pongan ningún tipo de cortapisas para involucrarse en todo tipo de relaciones más allá de las tradicionales como el noviazgo y el matrimonio. No es extraño ver que jóvenes entre 18 y 25 años no encuentren problemas para salir con turistas maduros de 50 y hasta 70 años. Por supuesto que los incentivos económicos juegan un papel fundamental; sin embargo, no existe el miedo al qué dirán ni tampoco prejuicios profundamente anclados en dogmatismos religiosos como sucede en sociedades más cerradas cuyo horizonte tradicionista limita la sexualidad, por ejemplo, en muchas familias de La Paz.
El problema inmediato que Cuba enfrenta es, por supuesto, todo lo relacionado con las enfermedades de transmisión sexual y la expansión del SIDA como epidemia. Por el momento, los éxitos que el régimen alcanzó en materia de salud son colosales y permiten una vigilancia epidemiológica realmente eficaz. De hecho, para 1999 sólo 577 personas habían muerto de SIDA y 2142 fue infectada con VIH (http://www.cubasida.net), de tal manera que también existe una inspección estricta para curar y prevenir enfermedades venéreas.
“De todos modos yo no soy muy optimista, afirma Fornet, pues el control médico y la prevención pueden ser rebasados en cualquier política de salud. No es posible evitar por mucho tiempo la expansión de muchas enfermedades porque la prostitución se está practicando de una manera que, para mí, es víctima de un absoluto desparpajo y promiscuidad; menos mal que no tengo hijas”.
Liberación sexual y revolución
Lo interesante del régimen cubano es ver que la liberación sexual y una práctica amplia de la prostitución constituyen hoy día una verdadera revolución. Ya no son reprimidos los homosexuales ni tampoco las lesbianas que en algún momento fueron consideradas por el mismo Fidel Castro como criminales. Por las noches, alrededor de Copelia, la esquina del cine Yara y una cuadra más abajo en las afueras del restaurante El Mandarín, es natural encontrar grandes grupos gays que esperan su oportunidad o, simplemente, coquetean orgullosos su identidad sexual. A lo largo de Jaimanitas, los travestís fácilmente pueden confundir a cualquier desprevenido por sus cuerpos esculturales y el vestuario elegante como cualquier mujer hermosa.
A pesar de esta revolución sexual y turística, mucha gente expresa cierta desesperación. Teresita de 19 años, indica: “no me gusta esta situación, el amor se ha perdido en Cuba, primero porque yo necesito un hombre que me ayude y un cubano normal no puede ofrecerme condiciones holgadas de supervivencia. Por lo tanto, yo debo recurrir al negocio del turismo y, en segundo lugar, la satisfacción sexual es como un escape para mí junto a la posibilidad de, algún día, poder encontrar alguien que me quiera tanto como para hacer todos los trámites hasta sacarme de aquí”.
Es una ironía política y del destino pensar en intelectuales importantes como el líder teórico de 1968, Herbert Marcuse quien en El Hombre Unidimensional, Ensayo sobre la Ideología de la Sociedad Industrial Avanzada, consideraba que el capitalismo era capaz de construir las condiciones más despreciables para reprimir la libido, reduciendo lo erótico a la experiencia y la satisfacción sexual hasta convertir “el principio de placer” en un mecanismo más de la dominación.
Al aplicar los análisis de Marcuse a la sociedad cubana, el principio de placer absorbe el principio de realidad donde la sexualidad es liberada dentro de formas sociales constructivas: se afirma que el socialismo no limita a nadie. Esta noción implica también que existen modos represivos de desublimación junto a los cuales los impulsos sexuales y la búsqueda del placer poseen una extraña mezcla con más desviaciones y más negación de los tabúes sociales, extendiéndose la libertad al mismo tiempo que se intensifica la dominación de una sociedad políticamente represiva.
Cuba no solamente se resiste a cambiar, sino que somete a sus jóvenes al negocio de mercado y sexo como estrategia de subsistencia, traicionando las viejas utopías de la revolución y el Hombre (Mujer) Nuevo, a costa de proteger las vanales ilusiones de poder para la jerarquía del partido comunista, hoy día, una verdadera máquina de hacer dinero para unos pocos. |