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Su investigación, el Atlas lingüístico de Nicaragua, demostró que nuestra manera de hablar es estimulante para el idioma mismo. Elaboró el registro verbal nacional, sus giros regionales característicos, y entre los trabajos presentados por las 22 academias hispanoamericanas, sobresalió el suyo.
Nicaragua ha deleitado al mundo con versos y narraciones excepcionales de su literatos, no obstante, en estos últimos días ha demostrado que su gente no sólo es innovadora en la lengua escrita, sino que posee rasgos fonéticos particulares dignos de ser respetados, por ello, el Atlas lingüístico de Nicaragua (Nivel fonético) recibió el Premio Real Academia Española 2009, máxima distinción otorgada por el órgano rector de la lengua española a una investigación filológica.
La encargada de recoger las particularidades fonéticas del habla nicaragüense es la doctora María Auxiliadora Rosales Solís, catedrática e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua, gracias a cuyo trabajo se han desmitificado muchas presunciones acerca de los alófonos (cada una de las variantes que se dan en la pronunciación de un mismo fonema, según la posición de este en la palabra o sílaba, según el carácter de los fonemas vecinos) que utilizamos.
Tal distinción es motivo de júbilo para la Academia Nicaragüense de la Lengua, máxime porque tres notables académicos propusieron que su trabajo fuese presentado en la competencia en la que participaron las 22 academias de Hispanoamérica. Los postulantes del trabajo fueron Sergio Ramírez Mercado, Carlos Tünnermann Bernheim y Francisco Arellano Oviedo.
¿Quién es María Auxiliadora Rosales? EL NUEVO DIARIO se desplazó hacia Los Robles, donde en el corredor de una acogedora vivienda, bañado por el verdor de las plantas, nos recibió la mujer que se dio a la tarea de elaborar el registro verbal de cómo pronunciamos los nicaragüenses los fonemas consonánticos y vocálicos.
Con su característica jovialidad, la investigadora se autodefine como «una mujer, madre-hija, profesora universitaria y estudiosa del habla nicaragüense».
A pesar de ser joven, cuenta con 28 años de vida docente, la que inició a través del movimiento de Alumnos Ayudantes. Su formación académica dice que se la debe a la UNAN-Managua, donde estudió su licenciatura y luego fue apoyada mientras realizaba su maestría en Lingüística en la Universidad Central de Las Villas, Cuba.
Posterior a su especialización, se dedicó de lleno a la docencia, para en 2001 empezar el Doctorado en Lingüística en la Universidad de Costa Rica. Como madre, tuvo que cargar con su adorada Ana Sofía en la constante travesía hacia el país vecino, y cuenta a manera de anécdota, que una vez sufrió la xenofobia a la que se enfrentan miles de compatriotas, pues a pesar de portar sus documentos en regla y de demostrar que era estudiante, le negaron la entrada a ese país, por lo que regresó junto a la pequeña viajera.
Enfrentando los infaltables tropiezos siguió con sus estudios, y al enterarse de que en Latinoamérica sólo existían tres atlas lingüísticos, decidió tomar sobre sus hombros la responsabilidad de estudiar la fonética de los nicaragüenses.
Un triunfo para Nicaragua
El Atlas lingüístico de Nicaragua fue la tesis doctoral de Rosales Solís, bajo la tutoría del reconocido lingüista costarricense Miguel Ángel Quesada Pacheco, una verdadera autoridad en el campo y miembro de la Academia Costarricense de la Lengua.
El esfuerzo de la docente fue recompensado, cuando el jurado le otorgó el grado de Magna Cum Laude, por su aporte al desarrollo de la lingüística moderna, ya que los criterios que utilizó para recoger los datos fueron pluridimensionales (sexo, edad y ubicación geográfica).
Casi tres años después de concluida la tesis, un viernes como cualquiera en su vida, mientras conducía rumbo a su casa, el secretario de la Academia Nicaragüense de la Lengua, Francisco Arellano, la llamó para darle una noticia, pero ella lo interrumpió y le pidió que la llamara luego, porque iba manejando.
«Me quedé con la duda de qué era lo que me iba a decir, sospeché levemente que se podría tratar del concurso, pero lo vi como una posibilidad lejana, porque era una competencia dura», afirmó Rosales.
Sin embargo, su sospecha resultó cierta, y visiblemente emocionada comentó que «este premio significa una gran alegría, porque siendo mujer entré en un mundo donde los destacados han sido hombres». Y es que entró con el pie derecho, porque su trabajo fue elegido por unanimidad por los cinco miembros del jurado, el 28 de enero. Pionero en estudio lingüístico.
Por otro lado, dijo que el mérito es para Nicaragua, porque el Atlas, además de evidenciar cómo realmente pronunciamos los nicaragüenses, y de permitir la creación de las isoglosas (línea imaginaria que separa dos áreas geográficas que se distinguen por un rasgo dialectal concreto), ubica al país como pionero en la región en cuanto a estudios lingüísticos, y servirá como apoyo a los estudiantes.
«El premio otorgado a la doctora Rosales es un reconocimiento inequívoco de que estaba haciendo falta un estudio serio, con metodología científica, sobre los rasgos que caracterizan nuestra lengua española en Nicaragua. Además, el esfuerzo realizado por esta lingüista, de ir a muchas localidades del país para grabar a informantes, prueba que vale la pena, y de que todo lo hecho no fue en vano», compartió orgulloso el tutor Quesada Pacheco.
Cabe señalar que obras de esta naturaleza vienen a reafirmar que es absurdo pensar que existe una norma para hablar, ya que cada hablante y cada región poseen características particulares que forman su variante lingüística, sin ponerlo en desventajas frente a otras formas de pronunciación.
La doctora Rosales agradeció a la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua por su apoyo incondicional para que pudiese realizar sus estudios, a la Academia Nicaragüense de la Lengua y a la Universidad de Bergen, Noruega, por el financiamiento para la publicación de esta obra.
*elnuevodiario.com.ni, Nicaragua
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