PORTADA arrow Antonio Hermosa arrow LA LÁMPARA DE DIÓGENES arrow Gaza en el ojo del huracán



elmercuriodigital.es
       PORTADA    WILD CAT    EL SALERO    EL CONVENTILLO    EL MERCURIO DEL MEDIO AMBIENTE    BÚSQUEDAS 2002-2010    



Gaza en el ojo del huracán PDF Imprimir Correo
Escrito por Antonio Hermosa   
09-06-2010

La política se está volviendo en Oriente Medio dramáticamente previsible. Entre los pasajeros, pertenecieran o no a organizaciones fundamentalistas islámicas, embarcados en la flotilla que aspiraba a romper el bloqueo israelí a Gaza, ¿cuál de ellos no daba por descontado que Israel consideraría semejante acto, aun antes de pronunciarse al respecto, una provocación y que del modo que fuere lo bloquearía?

¿Y quién entre los miembros del gobierno israelí no se sabía el resto del guión, esto es, la furibunda reacción de Turquía, la visceral del mundo árabe, como también del no árabe, y, en fin, el triunfal ingreso en escena de Irán? Todo tan previsible que, de hecho, uno empieza a creer que el guión estuviera tan escrito de antemano como si fuese obra de la necesidad.


Porque, lo cierto, es que tras el abordaje de las naves por la marina israelí, con su consabida ristra de ofensas, de violencias y de muertos, si algo queda claro es que el paisaje antes oculto por una nube de funcionales maniobras de distracción –después de todo, queda feo declararse la guerra sin más- se ha vuelto definitivamente transparente, y en él, tras un primer círculo de actores que aún rinden homenaje a la hipocresía de las palabras, se divisa cara a cara a los dos grandes enemigos de esta historia, mirando cada uno sin pestañear las intenciones aniquiladoras del oponente.


Planificado o no el acto, esta vez el aprendiz de brujo que cada uno llevamos dentro no ha tenido que salir de la lámpara maravillosa para elevar el conflicto entre Irán e Israel a un grado de tensión sólo superable por la guerra (y para ambos actores, se diría, y en especial para Irán, sólo remediable con ella). En efecto, prever que la reacción violenta israelí contra las naves –totalmente previsible pese a navegar por aguas internacionales- proseguiría en la correspondiente iraní de enviar naves propias, o protegidas por su marina o por su aviación, con la misma y pacifista misión, no es entretenerse cazando fantasmas intelectuales, sino seguir el itinerario de una recta línea de pensamiento que con sencilla naturalidad se transforma de causa en consecuencia. Simultáneamente, eran igual de previsibles otras reacciones en cadena, algunas de las cuales preparan el enfrentamiento.


Desde luego, el desprestigio de Israel, que el gobierno de Netanyahu ha elevado a cotas nunca antes alcanzadas por ninguno de sus predecesores. Hasta cabría ser benévolo con la negativa de Estados Unidos y la Unión Europea a condenar a Israel en la ONU y considerarla como un modo de evitar que Irán se otorgue patente de corso o de que Israel se regodee en su nueva soledad internacional, y cada uno transformase así el justificante formal que ambos obtendrían para declararse mutuamente la guerra en la ocasión material de la misma.


De más está decir que semejante desprestigio en Occidente se infla con excesiva naturalidad, dado que el virus siniestro del antisemitismo se halla aún firmemente asentado en su averiada alma, sobre todo en su parte izquierda, la misma que con su obscena naturalidad metamorfosea al gobierno de turno israelí en el Estado de Israel, a fin de convertir sin solución de continuidad la crítica al primero en odio al segundo. ¡No, si hasta vienen a dar la razón al enemigo Netanyahu cuando afirma que se niega a Israel su derecho a la existencia, de donde deduce su deber de procurarla por los medios que sean! Incluso Henning Mankell, el escritor sueco presente en una de las naves, deja entrever una tentación antisemita cuando en su diario de viaje anota: “(…) Me comunican que seré deportado. El hombre que me lo anuncia me dice enseguida que le gustan mis novelas. En ese momento pienso en la posibilidad de procurar que ninguno de mis libros vuelva a traducirse al hebreo”. ¡Ojalá y sea sólo la rabia de la impotencia lo que le lleva a confundir de manera tácita a la autoridad que arbitrariamente lo deporta con el conjunto de sus lectores! ¡Cuán fácil con esa forma mentis alterar el cuadro de la situación en la región, infraentender el drama israelí, trascender a esencia judía cualquier fenómeno violento gubernamental, olvidar la naturaleza de los regímenes que lo rodean, los actos acordes a su naturaleza de los que constantemente hacen gala y, en el colmo, convertir a la víctima potencial en verdugo profesional! ¡Y, todo ello, completado con una operación intelectual análoga para con los palestinos, bien que invertido el prisma moral: los inocentes corderos frente al lobo, tan desgraciados siempre y tan inocentes sus jefes, y los titiriteros de sus jefes, de las desdichas de sus ciudadanos, con los que se funden en un único cuerpo y una sola alma, amén!


Otra consecuencia anunciada del ataque era la fotografía de la sociedad israelí que iba a dejar en el Parlamento pocos días más tarde: la de un heteróclito compuesto dividido hasta el límite entre sus elementos judíos y escindido por completo de su componente árabe. El difuso e intenso malestar que recorre a la sociedad israelí, del que hablan ahora algunos periodistas, pero que fue la razón que impulsó a Michel Warschawski a escribir hace más de siete años un libro con el significativo subtítulo de La crisis de la sociedad israelí (y que, y pido disculpas por la personalización, cualquiera que haya publicado un artículo en la prensa israelí puede percibir en los comentarios de sus lectores si no dice amén a todo), se pasea ahora a tumba abierta por la Kneset.


¿Y qué decir de las repercusiones en el mundo árabe provocadas por el citado acto de piratería? Aquí el gobierno de Netanyahu ha dilapidado en un instante el –inestable- caudal de mutua confianza acumulado en estos años. Por de pronto, no ha sido Hamás, sino Egipto, el que ha roto el bloqueo a Gaza, permitiendo el acceso de alimentos, medicinas y otros bienes de primera necesidad a la ciudad sitiada (y quién sabe si otros bienes igualmente de primera necesidad para Hamás, dado que los Hermanos Musulmanes se aprestaban a enviar su propio cargamento); por de pronto, además, la fractura introducida en dicho mundo por las veleidades hegemónicas de Irán se ha recompuesto de inmediato, etc.


Pero, sobre todo, se ha ampliado la brecha que cada día opone un poco más a Israel con su hasta ayer principal aliado en el firmamento musulmán: Turquía. El cuasi romance vivido por ambas potencias no sólo está liquidado, sino que lleva camino de terminar como el vivido anteriormente por Israel con Irán antes de su conversión en régimen teocrático. Turquía ha encabezado las protestas contra Israel en la región y en la ONU, exigiendo sanciones de la comunidad internacional contra el otrora amigo y amenazándole con otras particulares, con un tono y un vocabulario que por momentos vuelve intercambiables a Erdogan con Ahmadinejad.


Esas reacciones anti-Israel, que no raramente van más allá del antisemitismo europeo puesto que atentan directamente contra su existencia, pero que tienen el mismo vicio originario de confundir al gobierno israelí con el Estado israelí, son por tanto consecuencias directas del ataque israelí. Y si bien ha habido lúcidas cabezas, como las de Bernard-Henri Lévy, que han denunciado con valentía esa interesada asociación aun criticando la forma en la que Netanyahu y su gobierno han abordado el episodio del abordaje, y desenmascarado la mentalidad espuria subyacente, además de hacer ver cómo el buen príncipe de esta historia es el “gobierno fascislamista de Ismail Haniyah”, también es cierto que en su retórica queja contra “los medios de comunicación del mundo entero” su parcialidad proisraelí juega una mala pasada a sus descontada pretensión de verdad (por ejemplo, cuando niega que en Gaza sean necesarios otros alimentos aparte de los que diariamente cruzan la frontera israelí, que en su opinión evitan que nadie pueda morir de hambre en la zona; cierto, pero el filósofo francés olvida que la política israelí en esa materia, establecida por el supremo israelí en enero de 2008, fija un “mínimo humanitario” que se mide en el hecho de impedir el “desarrollo de una crisis humanitaria”; Thomas Keenan y Eval Weizman, de quienes he tomado el dato en su artículo en openDemocracy de ayer 7, concluyen en este punto con el cínico resumen que de la sentencia hiciera en su día Dov Weisglass, consejero del antiguo primer ministro Ehud Olmert: ‘La idea es poner a los palestinos a dieta, no hacerles morir de hambre’).


Vale la pena, por último, destacar el renovado Oriente Medio que se advierte también en este nuevo episodio crítico. No sólo se hace patente una vez más que la paz, por mucho que de boquita para fuera, la administración americana insista en ello, no está ya en la agenda de las potencias afectadas, por la sencilla razón de que esas mismas potencias no están ya, caso de que lo hayan estado, interesadas. Igualmente, lo que nos revela con meridiana claridad el incidente que he venido analizando es que ya se ha producido un corrimiento de tierras en la región que ha modificado el paisaje aun sin haber adoptado su configuración final. Pero sí es cierto que la cuestión de la paz entre Israel y los Palestinos no es, de ningún modo, el actor principal y decisivo del drama que se desarrolla en la zona -las guerras de Afganistán e Iraq, en realidad, lo habían ya evidenciado. Eso, naturalmente, no significa que deje de ser una cuestión mayor en la agenda de la humanidad, y que una guerra entre ellos no pueda dar origen a una auténtica catástrofe a nivel global (por cierto, quizá si hubiera tenido en cuenta estas cosas, Shlomo Avineri no se habría rasgado tanto las vestiduras ante las pretensiones de la diáspora de hacer oír su voz en el interior del país, diferenciando entre la responsabilidad del ciudadano y la irresponsabilidad del simpatizante; empero, una guerra no sólo afectaría a los ciudadanos israelíes, sino a la comunidad universal, por lo que, en un mundo en el que existiera una ONU democrática con ciertos poderes ejecutivos, nada tendría de extraño que se arrogara el arbitraje del eterno conflicto sin la participación de ninguno de los contendientes).


Y lo es asimismo que Turquía se configura como la nueva potencia emergente de la zona, volcada ya casi totalmente hacia el mundo islámico y casi, por ende, definitivamente distanciada de una Europa que, incapaz de traducir sus palabras a hechos, y vegetando como un planeta autista en el espacio internacional, no transmuta su fuerza en poder ni su poder en influencia. Ha vuelto a presentar aquí sus credenciales de aspirante a gran potencia, un horizonte al que parece caminar con el viento de cola, y en el que le favorece el hecho, tantas veces negado por políticos e intelectuales, de que la política internacional de un Estado está en función de su orden institucional, lo cual le permite hacerse valedora de la paz sin tener que rendir cuentas a la democracia en su interior. Con todo, esa gran potencia empieza a exhibir ya rasgos que anuncian un mundo de fuerza y de violencia. Sin haber resuelto, y sin ánimo de hacerlo, sus problemas con el pasado, lo que garantiza una puntual opresión a sus ciudadanos kurdos y una amenaza permanente a la vecina Armenia; distanciándose del kemalismo en su dimensión laica, pero no en la nacionalista, la combinación del principio nacional con el islamismo cultural puede degenerar en un régimen islamo-fascista que convierta en pesadilla internacional el sueño de un Islam democratizable. Las señales están ya presentes en la escena política, primordialmente en el idilio que está gestando con Irán, a cuyo líder está relegitimando en el contexto islámico tanto como al régimen en el concierto internacional.


Con sus reflejos anclados en el pasado otomano y víctima de sus delirios de imperial grandeza, Turquía se asoma al futuro inmediato vestida con sus mejores galas, pero con unas prisas que delatan la altura de sus ambiciones aun si sobrepasan sus actuales fuerzas. El tiempo nos dirá muy pronto si a la hoguera de Oriente Medio ha llegado otro bombero u otro pirómano.




COLUMNISTAS
ESPACIOS DE OPINIÓN
MÁS OPINÓN
Jorge Majfud
Pascual Serrano
Antonio Hermosa
Amy Goodman
Fabiola Leyton
Silvia Ribeiro
José Saramago
Eduardo Galeano
Cristian Frers
Jorge Zavaleta
Franco Gamboa
Luis Buero
Leonora Esquivel
Teodoro Rentería
Herbert Mujica
Ricardo Luis Mascheroni
Esther Vivas
Miguel Ángel Sánchez de Armas
OTROS AUTORES





Estadisticas y contadores web gratis
  El Mercurio Digital, Spain MercurioPress Editor Ángel Rojas Penalva Desde 2002 en Internet
Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Powered by CMS PROFESSIONAL. Design by Crystal7 Templates. Released under the GNU/GPL license.
Directorio de Empresas de Periódicos digitales
Directorio de Empresas y Profesionales de EspañaEl tiempo es 3.2425339221954