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Desde hace dos años, el
ACNUR en Ecuador apoya al Pueblo Épera, comunidad indígena que vive en
la rivera del Río Cayapas, en la provincia de Esmeraldas, Cantón Eloy
Alfaro.
Estos hombres y mujeres inicialmente migraron desde Colombia en
la segunda mitad del siglo pasado para mejorar sus condiciones de vida.
Actualmente, alrededor de 450 Éperas, 20% refugiados, viven en esta
zona, a la que se puede llegar únicamente en canoa. El trabajo de ACNUR
se enfoca en facilitarles el acceso al sistema de asilo a quienes han
salido de Colombia como consecuencia del conflicto en este país y en
fortalecer granjas integrales para mejorar la producción agrícola de
la comunidad que sirve tanto para el consumo interno como para el
comercio. Ha resultado ser un proyecto muy exitoso y con gran acogida en
la comunidad que lo ha hecho propio.
La población Épera se ubica en la costa del Pacífico de Ecuador y
Colombia, en el área denominada Chocó. Como la mayoría de los pueblos
indígenas no reconocen fronteras, Carlos, miembro de la comunidad,
manifiesta que “colombianos y ecuatorianos somos un solo pueblo”; sin
embargo, muchos de ellos se ven obligados a permanecer en Ecuador debido
al reclutamiento forzoso de jóvenes, hombres y mujeres. Cada año nacen
cerca de 12 nuevos miembros del Pueblo Épera en Ecuador, “queremos
preservar nuestra cultura, idioma, e identidad y no queremos que
nuestros jóvenes se vayan”, menciona Salvador Chirimía, Presidente de la
comunidad, al conversar sobre los retos que enfrenta su pueblo,
especialmente el relacionado con el tamaño limitado de su territorio.
Gracias a la gestión de sus dirigentes y el apoyo del Vicariato de
Esmeraldas, esta comunidad ha logrado adquirir alrededor de 340
hectáreas de tierras comunales, ya que anteriormente no poseían
territorio propio. Parte de esta tierra se ha declarado como reserva
natural.

Rafael Zavala, coordinador de la oficina de ACNUR en Esmeraldas, nos
comenta que el apoyo a las granjas integrales “contribuye no sólo a
mejorar las condiciones de vida de esta población; sino también
fortalece la integración de la comunidad ya que todos los miembros de la
familia trabajan en ellas”. Los proyectos con un enfoque integral son
claves para esta comunidad que ha estado invisibilizada por mucho
tiempo. Se ha incorporado cacao fino de aroma como cultivo principal,
acompañado de árboles maderables y frutales; y al mismo tiempo se han
utilizado los callejones libres para intercalar plantas de ciclo corto y
mediano, todo ello en coordinación con la ONG Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio (FEPP) y como se ve en el marco de la preservación del medio ambiente.
El territorio donde se asientan los Éperas en Ecuador es pequeño, pero
muy generoso. Aquí producen plátanos, yuca, maíz, fréjol, naranja, entre
otros. Las mujeres se dedican también a las artesanías.
Aunque los servicios básicos les ha llegado de una manera muy
limitada, el Pueblo Épera ha logrado organizarse; y lucha diariamente
por preservar su cultura y reforzar su identidad. Es un pueblo solidario
que regularmente acoge en su comunidad a más miembros que vienen desde
Colombia, huyendo del conflicto. “Trabajar con el Pueblo Épera es muy
satisfactorio, ellos tienen como objetivo mantener la armonía y
conservar sus tradiciones y el medio ambiente”, manifiesta Rafael
Zavala.
Andrea Durango en Esmeraldas, Ecuador. ACNUR
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